martes, 27 de diciembre de 2016

Llegando a Fin de otro año... Tiempo de Bendecir lo que hemos vivido...

Escrito por P. Eduardo Casas

Bendigo el tiempo con su paso.

Bendigo el trabajo y su cansancio.

Bendigo la caricia de la amistad.

Bendigo la vida y todos sus momentos.

Bendigo la salud que nos hace estar vivos.

Bendigo la lucidez que nos permite estar despiertos.

Bendigo a los que me aman y también a los que han dejado de amarme.

Bendigo la humildad de los que aceptan el bien aunque duela.

Bendigo el servicio de quien se pone en el último puesto.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Navidad, Fiesta del Dios de la Empatía...

Escrito por Pepelu Aguirre Macías

"La empatía es la única ideología capaz de cambiar el mundo"

Esta frase de María Mariscal encontrada en las redes, cuando preparaba unas palabras para las plataformas sociales, me ayudó a descubrir una nueva faceta del Adviento y de la Navidad. Jamás me había planteado la idea de que mi fe se la debo a un acto puro y duro de empatía. Jamás había pensado que en Navidad se celebra la Fiesta del Dios de la empatía.

Y es que, cuando el mundo entero está más pendiente de las antipatías o no empatías... Dios vuelve a empatizar con el hombre en esta Navidad. 

Es verdad que lo hace con toda la condición humana, sea cual sea...

Lo hará en el seno de una humilde muchacha  en un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio; 

  • empatizará con el hombre, naciendo en una pequeña familia de refugiados que huían de la tiranía y que acaban, después de una desesperada búsqueda, en un inhóspito pesebre, rodeado de animales, como lo hacían los más pobres; 
  • lo hizo al ser presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse el lujo de un cordero… 

Tanto empatiza Dios con los olvidados de la historia, que se identifica con ellos “tuve hambre y no me diste de comer”.

¡Cuán grande es la dignidad humana!, que todo un Dios, dejando a un lado el alarde de su categoría divina, se introduce de lleno en nuestra condición, rebajándose a sí mismo para elevarnos a nosotros. 

  • ¿Acaso no es un motivo de esperanza en esta Navidad que vuelve a atravesar nuestra vida? 
  • ¿Acaso no es un motivo para tomar la empatía con el otro como criterio de autenticidad y de seguimiento fiel? 
  • ¿Acaso no hemos de educar a nuestros jóvenes en el arte de empatizar como moneda de transformación social y como medio para descubrir el rostro de Cristo en el más necesitado? 

Dios se pone en mi lugar. Sólo poniéndome en el lugar del otro, puedo encontrarme con el Dios de la empatía.

sábado, 17 de diciembre de 2016

El camino de San José es el camino del Silencio.

Escrito por Javier Albisu

En él, el silencio se vuelve obediencia; porque la obediencia exige, ante todo, escucha, y San José, hace silencio para poder escuchar el querer de Dios.
Pero, como muchas veces es un querer que no se entiende, también en silencio, cuida de ser fiel; pues, principio es de sabiduría, que de lo que no se entiende, mejor es callar.

Es allí, en su silenciosa fidelidad, como San José se sabe en las manos de Dios y cuidado por ellas. De ahí, que su fidelidad, tome esta forma del cuidar de todo lo que, como él, está puesto en esas manos.

De este modo, San José se convierte en el fiel custodio a quien se le confía la misión de cuidar de Jesús, que como ningún otro estará puesto en las manos del Padre.

El camino de San José, es pues, otro modo de caminar el Adviento. De caminarlo desde el silencio. Desde un silencio obediente a lo que en el propio corazón se escucha.

Desde un silencio cuidado, que se cuida y se busca con el deseo de aprender lo que la Palabra enseña en su camino. Pues cuando la Palabra con mayúscula se hace carne, la carne debe aprender a hacer un Silencio con mayúscula.

El camino de San José es el camino de un silencio que gustando su fidelidad, busca recrearla, oxigenarla, y hacerla nueva.

Es el camino de un silencio que respeta. Que no se apresura a llenarse de juicios y pensamientos en los que el misterio del otro es un dato ya conocido.

Es el camino de un silencio que no es mutismo; que no se niega a la palabra, sino tan sólo se abstiene de ella, a fin de hacerla más fecunda todavía.

Quien viva así su Adviento, verá que hacer silencio, es ceder la palabra a Aquél que viene y se hace “Palabra de Dios entre nosotros”.

jueves, 8 de diciembre de 2016

3º DOMINGO DE ADVIENTO

Escrito por hna Mariola López Villanueva rscj
Mateo 11, 10-11

Juan está desconcertado porque las cosas no van como él las esperaba. Qué bien podemos reconocernos en esas expectativas que no se cumplen, proyectos que después de mucho empeño se frustran, realidades que imaginábamos y que no llegan del modo previsto… 

Y tentados por el desánimo nos preguntamos si tenemos que seguir esperando tiempos mejores. Jesús nos saca de esas situaciones abriendo nuestros ojos a la realidad: hay tantos lugares donde despunta la buena noticia, tanta sanación que quiere acontecer, tanta bendición que acoger a través de los pobres y pequeños. 

Jesús ensalza la vida de Juan y la agradece, porque a su manera, sin comprender del todo hasta donde llegaba la incondicionalidad del amor de Jesús, preparó con sus palabras y sus gestos la eclosión del Reino desde los más frágiles de la tierra. 

Y cuando fijamos nuestros ojos y nuestros oídos en esa dirección, es Dios mismo escondido en ellos quien nos regala alegría y salvación.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fiesta de la Inmaculada Concepción:

Escrito por Xavier Quinzá Lleó

El misterio de la Inmaculada Concepción debe llegar a ser nuestro. 

Toda la grandeza de María consiste en esto: la raíz de su ser es Dios, el único contacto que ella mantiene consigo misma es Dios y el único conocimiento que tiene de sí misma es Dios.

María es completamente transparente a Dios, es como una "custodia"  de Dios, no puede hacer otra cosa que conducir a Dios, porque no respira más que Dios.

sábado, 3 de diciembre de 2016

2do DOMINGO de ADVIENTO: La Conversión es un Proceso, un Camino; donde hay que poner los Ojos es en Jesús.

Escrito por P.  Diego Fares sj

Conviértanse! Conversión -metanoia- es la palabra preferida de Juan.

Una palabra, una misión: hacer que la gente se convierta a Jesús que viene.

Ese Jesús que viene después de Juan, que es más poderoso que él en Espíritu y al cual Juan no se considera digno ni de sacarle las sandalias de los pies para servirlo.

La conversión es un proceso, un camino y donde hay que poner los ojos es en Jesús.

La conversión del corazón, sólo Jesús la consigue. Ese es el Bautismo del Espíritu. Un bautismo del corazón. Un sumergir el corazón en su agua bendita que lo limpia todo. Un dejar que por el camino Jesús nos lo vaya “bautizando” con su modo de contar las cosas que pasaron, y caigamos en la cuenta y nos digamos, como los discípulos de Emaús: “acaso no ardía nuestro corazón por el camino mientras nos hablaba?”.

La conversión del corazón es solo un “sí”, como el de María; un “que se haga” –eso es el corazón-, un hágase según tu palabra, a tu modo y a tu medida, cuando quieras y como quieras.

La conversión del corazón es  dejar algo, como dejaron las redes los primeros cuatro discípulos: así como estaban, lo siguieron. Eso es el corazón.

La conversión del corazón es seguir una corazonada, como Zaqueo, como la hemorroisa, como Bartimeo, como Pedro y Juan corriendo al sepulcro, como María Magdalena que no se quería ir. Una corazonada, eso es el corazón.

La conversión del corazón es una certeza que toca fondo, como la del hijo pródigo. “Me levantaré y volveré junto a mi Padre”, eso es el corazón.

La conversión del corazón es tirarse de cabeza, como Brochero tirándose al río agarrado de la cola de su mula Malacara y es también una rutina cotidiana, como el pasar del cura con la pata entablada, al tranco de mula, frente a los ranchos de la gente que sale a pedirle la bendición, mientras va fumando un chala rumbo a una viejita que lo espera para la confesión.

La conversión del corazón es inmediata, es un “encantado patroncito” como el de Hurtado. ¿Recuerdan? Aquel día en que un estudiante jesuita había viajado a Santiago con una lista inmensa de encargos y al llegar, no va que se topa con el Padre Hurtado y espontáneamente se le ocurre pedirle la camioneta. Hurtado sacó ahí nomás las llaves del bolsillo y se las dio con su mejor sonrisa diciendo: “encantado, patroncito“. Apenas partió el joven en la camioneta, San Alberto salió a hacer sus numerosas diligencias de aquel día en micro. Este detalle muestra su humildad espontánea”, dice el cronista. Nosotros decimos que eso es “el corazón”.

La conversión del corazón es una sed de amor y de almas, como esa que “de una manera que nunca podrá explicar, se apoderó del corazón de la Madre Teresa, y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida”.

La conversión del corazón es un sentir la Palabra de Dios como un lapicito que escribe las cosas suavemente y con linda letra en esa superficie tierna del alma que llamamos “nuestro corazón”.

La conversión del corazón es una decisión, como la que tomó Teresita, el día en que “se olvidó de sí misma -de su hipersensibilidad para con los afectos de los demás, que hacían que se le estrujara el corazón- y fue feliz”.

La conversión del corazón es ponerle, a cada miseria, la firma de la misericordia, que es la única que no necesita “aclaración”.

Diego Fares sj