sábado, 31 de mayo de 2014

"Y yo Estaré Siempre con Ustedes hasta el Fin del Mundo"

Escrito por Hermann Rodríguez Osorio -sj-

Hay personas a las que les cuestan, particularmente, las despedidas. Son momentos muy intensos, en los que se expresan muchos sentimientos que duermen en el fondo del corazón y tienen miedo de salir a la luz y expresarse de una manera directa. Pero, en estos momentos, saltan inesperadamente y sorprenden a unos y a otros... Despedirse es decirse todo y dejar que el otro se diga todo en un abrazo que contiene la promesa de seguir presente a pesar de la ausencia.

Salta a mi memoria, en esta solemnidad de la Ascensión del Señor, la poesía que Gloria Inés Arias de Sánchez escribió para sus hijos, y que lleva por título: «No les dejo mi libertad, sino mis alas». Como ella, el Señor se despide de sus discípulos, ofreciéndoles un abrazo en el que se dice todo y nos regala la promesa de su presencia misteriosa, en medio de la ausencia:

“Les dejo a mis hijos no cien cosechas de trigo 
sino un rincón en la montaña, con tierra negra y fértil, 
 un puñado de semillas y unas manos fuertes
 labradas en el barro y en el viento. 

No les dejo el fuego ya prendido
sino señalado el camino que lleva al bosque
y el atajo a la mina de carbón.
No les dejo el agua servida en los cántaros,
sino un pozo de ladrillo, una laguna cercana, 
y unas nubes que a veces llueven. 

No les dejo el refugio del domingo en la Iglesia,
 sino el vuelo de mil palomas, y el derecho a buscar en el cielo, 
en los montes y en los ríos abiertos.

No les dejo la luz azulosa de una lámpara de metal, 
sino un sol inmenso y una noche llena de mil luciérnagas.

No les dejo un mapa del mundo, ni siquiera un mapa del pueblo,
sino el firmamento habitado por estrellas,
y unas palmas verdes que miran a occidente.

No les dejo un fusil con doce balas, 
sino un corazón, que además del beso sabe gritar.
No les dejo lo que pude encontrar, 
sino la ilusión de lo que siempre quise alcanzar. 

No les dejo escritas las protestas, sino inscritas las heridas.
No les dejo el amor entre las manos, 
sino una luna amarilla, que presencia cómo se hunde 
la piel sobre la piel, sobre un campo, sobre un alma clara. 
No les dejo mi libertad sino mis alas. 

No les dejo mis voces ni mis canciones, 
sino una voz viva y fuerte, que nadie nunca puede callar. 
Y que ellos escriban, ellos sus versos, 
Como los escribe la madrugada cuando se acaba la noche. 
Que escriban ellos sus versos; 
por algo, no les dejo mi libertad sino mis alas...”

 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.  Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo». (Mt 28, 16-20)

Fiesta de la Visitación = Nuestra Señora de la Prontitud...

de la Exhortacion Apostolica del Papa Francisco : Evangelii Gaudium N° 288

"Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño.

En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. 

Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). 

María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles.

Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. 
Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39).

Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización.

Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. 

Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5)...

domingo, 25 de mayo de 2014

Homilía completa del Papa, en Belén... ¿QUIÉN SOMOS ANTE LOS NIÑOS de HOY?


¿QUIÉN SOMOS ANTE LOS NIÑOS de HOY?

''Es una gracia muy grande celebrar la Eucaristía en el lugar en que nació Jesús”. Doy gracias a Dios y a ustedes que me han recibido en mi peregrinación: al Presidente Mahmoud Abbas y a las demás autoridades; al Patriarca Fouad Twal, a los demás Obispos y Ordinarios de Tierra Santa, a los sacerdotes, las personas consagradas y a cuantos se esfuerzan por tener viva la fe, la esperanza y la caridad en esta tierra; a los representantes de los fieles provenientes de Gaza, Galilea y a los emigrantes de Asia y África. Gracias por vuestra acogida''.

El Niño Jesús, nacido en Belén, ''es el signo que Dios dio a los que esperaban la salvación, y permanece para siempre como signo de la ternura de Dios y de su presencia en el mundo. ''Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño…''.También hoy los niños son un signo. Signo de esperanza, signo de vida, pero también signo “diagnóstico” para entender el estado de salud de una familia, de una sociedad, de todo el mundo. Cuando los niños son recibidos, amados, custodiados, tutelados, la familia está sana, la sociedad mejora, el mundo es más humano. Recordemos la labor que realiza el Instituto Effetà Pablo VI a favor de los niños palestinos sordomudos: es un signo concreto de la bondad de Dios; es un signo concreto de que la sociedad mejora. Dios nos repite también a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI:''Y aquí tienen la señal'', busquen al niño…El Niño de Belén es frágil, como todos los recién nacidos. No sabe hablar y, sin embargo, es la Palabra que se ha hecho carne, que ha venido a cambiar el corazón y la vida de los hombres. Este Niño, como todo niño, es débil y necesita ayuda y protección. También hoy los niños necesitan ser acogidos y defendidos desde el seno materno''.
''En nuestro mundo, que ha desarrollado las tecnologías más sofisticadas, hay todavía por desgracia tantos niños en condiciones inhumanas, que viven al margen de la sociedad, en las periferias de las grandes ciudades o en las zonas rurales. Todavía hoy muchos niños son explotados, maltratados, esclavizados, objeto de violencia y de tráfico ilícito. Demasiados niños son hoy prófugos, refugiados, a veces ahogados en los mares, especialmente en las aguas del Mediterráneo. De todo esto nos avergonzamos hoy delante de Dios, el Dios que se ha hecho Niño. Y nos preguntamos:

¿Quién somos nosotros ante Jesús Niño? 
¿Quién somos ante los niños de hoy? 
¿Somos como María y José, que reciben a Jesús y lo cuidan con amor materno y paterno? 
¿O somos como Herodes, que desea eliminarlo? 
¿Somos como los pastores, que corren, se arrodillan para adorarlo y le ofrecen sus humildes dones? 
¿O somos más bien indiferentes? 
¿Somos tal vez retóricos y pietistas, personas que se aprovechan de las imágenes de los niños pobres con fines lucrativos? 
¿Somos capaces de estar a su lado, de “perder tiempo” con ellos? 
¿Sabemos escucharlos, custodiarlos, rezar por ellos y con ellos? 
¿O los descuidamos, para ocuparnos de nuestras cosas?''.
''Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño''.

 Tal vez aquel niño llora. Llora porque tiene hambre, porque tiene frío, porque quiere estar en brazos… También hoy lloran los niños, lloran mucho, y su llanto nos cuestiona. En un mundo que desecha cada día toneladas de alimento y de medicinas, hay niños que lloran en vano por el hambre y por enfermedades fácilmente curables. En una época que proclama la tutela de los menores, se venden armas que terminan en las manos de niños soldados; se comercian productos confeccionados por pequeños trabajadores esclavos. Su llanto es acallado: deben combatir, deben trabajar, no pueden llorar. Pero lloran por ellos sus madres, Raqueles de hoy: lloran por sus hijos, y no quieren ser consoladas''.

''Y aquí tienen la señal''....El Niño Jesús nacido en Belén, todo niño que nace y crece en cualquier parte del mundo, es signo diagnóstico, que nos permite comprobar el estado de salud de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra Nación. De este diagnóstico franco y honesto, puede brotar un estilo de vida nuevo, en el que las relaciones no sean ya de conflicto, abuso, consumismo, sino relaciones de fraternidad, de perdón y reconciliación, de participación y de amor''

Oh María, Madre de Jesús, tú, que has acogido, enséñanos a acoger; tú, que has adorado, enséñanos a adorar; tú, que has seguido, enséñanos a seguir. Amén''.

sábado, 24 de mayo de 2014

Homilía completa del Papa, en JORDANIA: "La paz no se puede comprar, no se vende"

Durante la Santa Misa celebrada en el estadio Internacional de Amman

En el Evangelio hemos escuchado la promesa de Jesús a sus discípulos: “Yo le pediré al Padre que les envíe otro Paráclito, que esté siempre con ustedes” (Jn 14,16). El primer Paráclito es el mismo Jesús; el “otro” es el Espíritu Santo.

Aquí nos encontramos no muy lejos del lugar en el que el Espíritu Santo descendió con su fuerza sobre Jesús de Nazaret, después del bautismo de Juan en el Jordán (cf. Mt 3,16). Así pues, el Evangelio de este domingo, y también este lugar, al que, gracias a Dios, he venido en peregrinación, nos invitan a meditar sobre el Espíritu Santo, sobre su obra en Cristo y en nosotros, y que podemos resumir de esta forma: el Espíritu realiza tres acciones: prepara, unge y envía.

En el momento del bautismo, el Espíritu se posa sobre Jesús para prepararlo a su misión de salvación, misión caracterizada por el estilo del Siervo manso y humilde, dispuesto a compartir y a entregarse totalmente. Pero el Espíritu Santo, presente desde el principio de la historia de la salvación, ya había obrado en Jesús en el momento de su concepción en el seno virginal de María de Nazaret, realizando la obra admirable de la Encarnación: “El Espíritu Santo te llenará, te cubrirá con su sombra –dice el Ángel a María- y tú darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús” (cf. Lc 1,35). Después, el Espíritu actuó en Simeón y Ana el día de la presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2,22). Ambos a la espera del Mesías, ambos inspirados por el Espíritu Santo, Simeón y Ana, al ver al Niño, intuyen que Él es el Esperado por todo el pueblo. En la actitud profética de los dos videntes se expresa la alegría del encuentro con el Redentor y se realiza en cierto sentido una preparación del encuentro del Mesías con el pueblo.

Las diversas intervenciones del Espíritu Santo forman parte de una acción armónica, de un único proyecto divino de amor. La misión del Espíritu Santo consiste en generar armonía –Él mismo es armonía– y obrar la paz en situaciones diversas y entre individuos diferentes. La diversidad de personas y de ideas no debe provocar rechazo o crear obstáculos, porque la variedad es siempre una riqueza. Por tanto, hoy invocamos con corazón ardiente al Espíritu Santo pidiéndole que prepare el camino de la paz y de la unidad.

En segundo lugar, el Espíritu Santo unge. Ha ungido interiormente a Jesús, y unge a los discípulos, para que tengan los mismos sentimientos de Jesús y puedan así asumir en su vida las actitudes que favorecen la paz y la comunión. Con la unción del Espíritu, la santidad de Jesucristo se imprime en nuestra humanidad y nos hace capaces de amar a los hermanos con el mismo amor con que Dios nos ama. Por tanto, es necesario realizar gestos de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación. Estos gestos son premisa y condición para una paz auténtica, sólida y duradera. Pidamos al Padre que nos unja para que seamos plenamente hijos suyos, cada vez más conformados con Cristo, para sentirnos todos hermanos y así alejar de nosotros rencores y divisiones, y amarnos fraternamente. Es lo que nos pide Jesús en el Evangelio: “Si me aman, guardarán mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes” (Jn 14,15-16).

Y, finalmente, el Espíritu envía. Jesús es el Enviado, lleno del Espíritu del Padre. Ungidos por el mismo Espíritu, también nosotros somos enviados como mensajeros y testigos de paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de nosotros como mensajeros de paz, como testimonios de paz! Es una necesidad que tiene el mundo. También el mundo pide hacer esto: ¡llevar la paz, testimoniar la paz!

La paz no se puede comprar, no se vende: La paz es un don que hemos de buscar con paciencia y construir “artesanalmente” mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre en el cielo y que somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza.
Con este espíritu, abrazo a todos ustedes: al Patriarca, a los hermanos Obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los fieles laicos, así como a los niños que hoy reciben la Primera Comunión y a sus familiares. Mi corazón se dirige también a los numerosos refugiados cristianos, también todos nosotros, con nuestro corazón, dirijámonos, a los numerosos refugiados cristianos que provienen de Palestina, de Siria y de Iraq: lleven a sus familias y comunidades mi saludo y mi cercanía
.
Queridos amigos, queridos hermanos, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en el Jordán y dio inicio a su obra de redención para librar al mundo del pecado y de la muerte. A Él le pedimos que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; que la gracia nos envíe, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz. Amén.

El Misterio de Dios en nosotros y de nosotros en Dios...

 Escrito por Clemente Sobrado
Domingo 6 de Pascua – Ciclo A

Este sexto y último domingo de Pascua nos habla del gran don pascual: la nueva vida, la nueva alma del hombre. El Don del Espíritu Santo.

El Espíritu de la verdad. Algo que el mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce.
Pero que quienes lo hemos recibido y quienes hemos descubierto el misterio del Resucitado y lo hemos aceptado en nosotros, “sí lo conocemos”. Y lo conocemos “porque vive con nosotros y está con nosotros”.

Es el misterio de la nueva vida pascual. Es el misterio del nuevo hombre renacido en la Pascua. Es el Misterio de la vida de Dios en nosotros, el Misterio del amor de Dios. El Misterio de Dios en nosotros y de nosotros en Dios.

Algo no fácil de ver para quienes aún no han descubierto el misterio pascual. Por eso es algo que al mundo no le dice nada porque ni lo conoce ni lo ve. Es el Misterio de la vida.

La vida nace sin que uno mismo se entere. La madre, que ha concebido la vida, tarda en darse cuenta de que algo nuevo comienza a vivir en ella. Y durante unos meses sólo ella es testigo de esa vida. Los demás la ignoran.

Pero la vida está ahí.
La vida está germinando y creciendo secretamente en su seno.
La vida se está haciendo más vida.
Pero la vida no puede dejar de manifestarse.

La madre, a los meses ya comienza a dar señales de que algo nuevo crece y se madura en ella.

Ese es el misterio del amor de Dios en nosotros. Ese es el Misterio del Don del Espíritu de la Verdad en nosotros. Dios lo concibe en nuestro corazón y nosotros casi no nos enteramos. Dentro de nosotros se produce la gran maravilla de “Jesús en el Padre, nosotros en Jesús y Jesús en nosotros”.

Cada uno de nosotros quedamos como embarazados de Dios.

Una especie de concepción del misterio divino del amor en nosotros.
Una especie de concepción trinitaria en nuestro corazón.

Como la madre que ha concebido, también nosotros comenzamos sin casi enterarnos ni percibir ese nuevo misterio de la vida del Espíritu en nosotros.
Pero poco a poco, ese misterio “que el mundo no ve ni conoce” tiene que comenzar a manifestarse.

La semilla germina en la tierra, pero está llamada a brotar.
Tarda un poco, pero brota.

Y recién entonces nos enteramos de la nueva vida que comienza a florecer desde la entraña de la tierra.
También nosotros estamos llamados a ser los testigos de esa nueva vida pascual en nuestro corazón.
También nosotros estamos llamados a manifestar y mostrar al mundo el misterio que el mundo no ve, pero que está llamado a reconocer en el testimonio de nuestras vidas.
Como hombres nuevos estamos llamados a revelar la novedad de nuestras vidas en el testimonio de nuestras actitudes y nuestros gestos.

Estamos llamados a manifestar esos frutos del Espíritu en nosotros:

  • Donde los demás no aman, nosotros somos testigos de un amor nuevo.
  • Donde los demás están tristes, nosotros somos testigos de la nueva alegría.
  • Donde los demás hacen la guerra, nosotros somos testigos de la paz.
  • Donde los demás viven de las prisas, nosotros somos testigos de la paciencia.
  • Donde los demás se manifiestan ásperos, nosotros somos testigos de la afabilidad.
  • Donde los demás expresan la maldad, nosotros somos testigos de la bondad.
  • Donde los demás son infieles, nosotros somos testigos de la fidelidad.
  • Donde los demás hacen violencia, nosotros somos testigos de la mansedumbre.
  • Donde los demás viven en la ebriedad, nosotros somos testigos de la templanza. (Gá 5,22-23)

Y así como Felipe se presentó en Samaria dando “signos” de la novedad pascual y la “ciudad se llenó de alegría”, también nosotros estamos llamados a despertar en el mundo esta nueva alegría, que es la mayor “razón de nuestra esperanza” de la que nos habla Pedro.

  • Cristianos llamados a vivir con gozo y con alegría a pesar de las dificultades de la vida.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría, aún en medio de nuestros sufrimientos.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría nuestra fe.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría nuestra esperanza, aún en situaciones de oscuridad.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría la generosidad de nuestro servicio a los demás.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría la dureza de nuestro trabajo.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría incluso nuestra muerte.
  • Cristianos llamados a vivir con alegría “aún si somos calumniados”, para que así queden “confundidos quienes nos denigran por nuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.
  • Cristianos llamados a vivir la alegría “de ser amados del Padre y que también Jesús nos ama y se nos revela a cada uno de nosotros”.

El mundo es incapaz de ver y reconocer el don del Espíritu.
Pero somos nosotros quienes tenemos esa misión de hacerlo visible y reconocible en los signos y testimonio de nuestras vidas.

Señor: gracias por el Don de tu Espíritu.
Gracias por hacernos casa y habitación donde moran los Tres.
El mundo no ve la verdad de nuestro corazón, pero nosotros lo experimentamos.
El mundo no lo ve, pero nos has hecho a nosotros tus testigos.
Que nuestras vidas sean el reflejo vivo de cuanto hay dentro de nosotros.
Que nuestra alegría sea la mejor razón de nuestra esperanza.
Y que en ella todos descubran tu novedad.

sábado, 17 de mayo de 2014

Yo Soy el Camino Verdadero de tu Vida...

Jesús, EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Escrito por Anselm Grüm, -de su Libro: Imágenes de Jesús-

"En los discursos de despedida, antes de su muerte, Jesús dice estas palabras significativas: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Esta frase ha dado que pensar, y que dialogar no sólo a filósofos y teólogos, sino a toda clase de personas. Incluso estas palabras llegan a mucha gente que no las entiende. Hay una fibra del corazón humano que vibra con estas palabras. 

“Yo Soy el Camino

En todas las religiones el camino es un símbolo importante de la vida humana, la persona humana es un peregrino, está siempre de camino. No debe pararse, transitando se va transformando. El camino tiene su meta, la meta es la vida y el conocimiento. Pero los caminos hasta esta meta suelen ser muy largos y muy sinuosos, conducen por rodeos, por sendas erróneas y estrechas, por túneles. Para los cristianos Jesús nos precede en el camino... Quien se abandona en Jesús, así lo dice este Evangelio de  San Juan, encuentra un camino hacia la vida y hacia Dios. Sin embargo, este camino no es fácil, cómodo. Este camino se puede transformar, también para nosotros, en un camino de cruz, un camino en el que nuestros proyectos quedan marcados por la cruz, en los que se nos carga la cruz. A veces nuestros caminos nos conducen por muchas vueltas hasta que encontramos  el centro espiritual oculto, nuestro yo y, en él, a Dios, que es el centro de nuestra vida.

 "Yo Soy la Verdad"

Cuando Jesús se autodenomina la Verdad quiere decir que se ha quitado el velo que cubre la realidad y podemos verla al descubierto, tal cual es. Nosotros lo vemos todo como detrás de un velo. Lo real, lo auténtico no lo llegamos a ver. Pero quien conoce a Jesús ve a través de ese velo, ve hasta el fondo, reconoce la realidad tal como es delante de Dios.

Jesús también me conduce hacia mi propia verdad, si medito las palabras de Jesús, ellas quitan el velo que yo he puesto sobre mi verdad personal para no ver el lado desagradable. Jesús me conduce hasta los abismos de mi alma y me los descubre. Jesús nos dice que la verdad nos hará libres… Quien huye de su propia verdad se verá perseguido por el miedo de que la verdad lo alcanzará tarde o temprano, que los demás descubrirán lo que hay detrás de la fachada. En el
encuentro con Jesús es imposible esconderme. En el encuentro con Jesús es imposible esconderme. Mi verdad queda de manifiesto. Pero esta verdad me hará libre. Me conducirá a la verdadera vida.

"Yo Soy la Vida". 

Todos deseamos la vida, pero todos entendemos cosas distintas cuando hablamos de la vida, para unos es vivir muchas cosas, viajar mucho, conocer mucha gente. Para otros consiste en la vitalidad, una nueva calidad de vida, para otros vivir intensamente el momento. Jesús nos dice que El puede saciar nuestro anhelo de vida. Jesús nos dice, "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia, en plenitud" ¿Qué encierran estas palabras? Sin duda Jesús era un hombre que irradiaba vida, con su proximidad la vida florecía, cuando él hablaba algo en sus oyentes se movía, algo en ellos recobraba vida.  Y si se dejaban tocar por sus palabras, inmediatamente sabían lo que significaba Vida. Vida es más que vivir muchas cosas, sólo tenemos vida auténtica cuando la vida brota dentro nuestro como una corriente. Y según Juan, sólo puede nacer vida en nosotros si participamos de la vida divina" 

PARA TERMINAR CON UN MOMENTO CONTEMPLATIVO

Entrégate hoy concientemente al camino que te toca andar.

  • ¿A dónde vas? ¿Qué significa caminar, estar en camino?                                                                             
  • ¿Qué significa para vos: VIDA? 
  • ¿En que momentos te sientes lleno de vitalidad?
  •  ¿Qué necesitas para vivir?
  • ¿Qué es lo que te ayuda a vivir?                                                                                                                                     
  • ¿Qué es para vos la verdad? 
  • ¿Te enfrentas con tu propia verdad o más bien le escapas?

Si deseas, puedes hacer clik, para mirar este video:  

jueves, 15 de mayo de 2014

La Revolución de la Ternura...

 "La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en dirección al otro, siente al otro como otro, participa de su existencia, de deja tocar por su historia de vida. El otro marca al sujeto. Ese demorarse en el otro, no por las sensaciones que nos produce, sino por amor, por el aprecio a su persona y por la valoración de su vida y de su lucha. “Te amo no porque eres hermoso; eres hermoso porque te amo”.

Leonardo Boff

sábado, 10 de mayo de 2014

Nuestro Bello Pastor Pone en Juego la Vida...

Jn 10, 11-18
Escrito por la hna. Mariola López Villanueva - Rscj-

“El buen pastor da la vida por las ovejas”

Es bueno sentir que el Señor nos conoce, más adentro de lo que  podemos hacerlo nosotros, que el amor que nos tiene es lo único que puede desvelarnos la vida. Y descubrir, a su luz, que somos como todos, una mujer, un hombre cualquiera, nada distintos de aquellos con los que nos cruzamos cada día. Que tenemos en común los mismos miedos, la misma necesidad de reconocimiento y afecto, la misma sed de reconciliación. Que nos hermana la fragilidad y, a la vez, una capacidad inmensa de alegría.

Jesús dice que  nos conoce y conoce al Padre, y que sabe que el Padre lo ama. Y es por este amor recibido por el que él puede exponer su vida a favor nuestro. El verbo que utiliza Juan no significa sólo dar la vida sino que tiene que ver con arriesgarla  en una situación de peligro que amenaza a otro. Es lo que hace Jesús  para aproximarnos a él,  la pone en juego, la ofrece, la deja, se desprende de ella, no la retiene.

No sabemos dónde nos conducirá el trabajo que Dios va haciendo pacientemente en nosotros, lo que sí sabemos es que no podremos dar un día de golpe nuestra vida si no la hemos gastado antes cada día con la gente, si no salimos de la comodidad y del interés propio, si no ofrecemos con anchura nuestro tiempo y nuestra solicitud; si  no escuchamos cada vez la voz del único Pastor que es Bueno.
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Para terminar con un momento contemplativo, comparto este hermoso video con una canción de Salome Arricibita:


sábado, 3 de mayo de 2014

Emaús, el Camino de la Incertidumbre a la Esperanza...

La experiencia vivida por los Discípulos en el camino de Emaús (Lc. 24, 13-35) nos muestra el tránsito del miedo a la confianza, de la mentira a la verdad, del embotamiento mental a la clarividencia, de la incertidumbre a la esperanza.

Después de la crucifixión de Jesús, los Discípulos fijaron su entendimiento, su afecto y su visión en el pasado. Lo del Señor empezaba a ser una simple nostalgia. Pero Jesús los alcanzó en sus caminos, en sus idas y venidas, haciendo que resonara de nuevo en ellos la fuerza misteriosa de aquella palabra que levanta de la muerte.

Cuántas veces nos ha invadido la tristeza, la nostalgia o la desconfianza. 
  • Cuánto desasosiego por el futuro incierto de una vida diferente, anhelada, buscada, cultivada. 
  • Cuántas apuestas se impacientan por las esperas agobiantes de unos cambios que demoran en llegar. 
  • Cuánta energía invertida para que aparezca una luz que nos saque definitivamente de las tinieblas.
Aquella tarde entristecida de Emaús, Jesús se puso a caminar al lado de los Discípulos y, aunque ellos no lo reconocieron de entrada, comenzó a abrirse poco a poco en su interior una luz que comenzó a disipar nostalgias, espantar miedos y a erradicar desesperanzas.

Jesús entró con los Discípulos a una casa del camino y compartió con ellos el pan. 
De inmediato se reavivaron los sueños, 
     aparecieron los afectos, 
            desapareció la duda, 
                      se limpió el pasado y terminó por abrir su entendimiento. 

Ellos sintieron que su corazón ardía con el ardor propio que nos pone de frente a la verdad.

Qué misterio tiene la vida querida, amada, defendida, cuidada, que, cuando todo parece apagarse, brota de sus mismas cenizas una fuerza que nos lanza. Y es que el camino de ida y vuelta, de idas y venidas, sin claudicar, aunque parezca extraño, provoca el paso simétrico de la incertidumbre a la fe iluminada por la esperanza.

Que nos atrevamos a dejarnos alcanzar por Jesús resucitado, para que su amistad y compañía en una misma mesa compartida, libere nuestra generosidad y encienda fuego en el alma.
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Para terminar con un momento de oración te dejo esta canción de Salome Arricibita:

Para escuchar hacer clik en el siguiente enlace:

Emaús =Camino de Regreso desde la Desesperanza...


 Domingo 3 de Pascua – Ciclo A
Escrito por Clemente Sobrado 

El Cardenal Carlo María Martini, escribió a los fieles de su Diocesis de Milán dos cartas pastorales con dos títulos muy sugerentes: La primera: “Partir de Emaús” y la segunda: “Volver a empezar desde Emaús”. En ellas, Martini, pretendía convertir la Archidiócesis de Milán en una Iglesia Misionera.

El camino de la desesperanza
  • El camino que lleva a Emaús es el camino de los desilusionados, de los tristes, de los que sienten el fracaso y deciden abandonarlo todo y refugiarse de nuevo sí mismos.
  • El camino de los que caminan por la vida lamentando lo que “ha pasado estos días”.
  • El camino de los que no han entendido el misterio de la Cruz, y son incapaces de comprender que pueda estar vivo, a pesar de lo que “han dicho algunas mujeres”.
  • El camino de los que han comenzado y que, con la sensación del fracaso, porque no ha respondido a sus intereses personales, regresan a donde habían partido. 
  • El camino de los que un día sintieron la ilusión de la llamada y ahora sienten el vacío de la desilusión.
  • El camino de los que no entienden los caminos de Dios y prefieren la seguridad de sus propios caminos. 
  • El camino de los tristes cuyos ojos están cerrados a las luces de la Pascua.
Un intérprete en el camino

Hay cosas que nunca logramos entender y para las que necesitamos de un intérprete. Cuando nos reunimos unidos por la sensación del fracaso, mutuamente nos vamos hundiendo más. Mutuamente nos vamos confirmando en nuestras desilusiones.
Siempre se necesita de un tercero, de alguien que haga de intérprete de nuestros sentimientos y de nuestras oscuridades. Que nos haga comprender que, lo que para nosotros es un imposible, puede ser fuente de todas las posibilidades. Que nos haga salir de nosotros mismos y nos enseñe a leer las Escrituras y nos pueda abrir la inteligencia.
Y eso fue Jesús que se hace viajero con ellos, que camina el mismo camino. Primero se mete en sus conversaciones y luego como un caminante cualquiera, comienza a enseñarles a leer los acontecimientos. El Dios escondido pero que camina siempre en nuestro propio caminar.
Todos necesitamos de alguien que nos ayude a interpretar nuestras dudas, nuestras tristezas, nuestras desilusiones, nuestros problemas. No. No son los demás quienes nos solucionarán nuestras dificultades. Pero sí nos ayudarán a salir de nosotros mismos para que podamos verlos con otros ojos y con otras esperanzas.

Cuando se abren los ojos

Emaús es el lugar donde se nos “abren los ojos”. Emaús es el lugar donde el pan partido se hace revelación de Jesús y donde aquellos dos lo “reconocen”.
No le reconocen en el camino. Le reconocen al partir el pan. La Eucaristía, sacramento de la revelación del resucitado.
  • Emaús es el lugar donde las tristezas se convierten la fiesta de la alegría.
  • Emaús es el lugar donde las dudas se hacen certezas.
  • Emaús es el lugar donde las desilusiones vuelven a florecer en ilusiones nuevas.
  • Emaús es el lugar donde los fracasos se convierten en nuevas energías.
  • Emaús no es el final de un camino, sino el comienzo de un camino nuevo.
  • Emaús es la experiencia de cómo la compañía del resucitado calentaba sus corazones, aún sin reconocerlo.
  • Emaús es el camino del regreso, de la vuelta a casa, de la vuelta a la comunidad abandonada.
  • Emaús es el camino de los que han visto y corren a compartir su experiencia pascual con los demás.
Todos tenemos nuestro Emaús

Porque todos tenemos nuestros momentos de cansancio y desaliento. Porque todos tenemos nuestras tentaciones de dejarlo todo y abandonarlo todo. Porque todos tenemos nuestros momentos en el que nuestros ojos dejan de ver la realidad y comenzamos a ver los imposibles.

Es el Emaús de los esposos:

Los esposos suelen comenzar su camino con grandes ilusiones y esperanzas, pero pasa el tiempo y el aburrimiento les va carcomiendo por dentro y su misma presencia les causa hastío.
Es entonces cuando dicen que “se han equivocado”, “que no son el uno para el otro”, “que si la incompatibilidad de caracteres”.
Es ahí que los esposos necesitan de alguien que les ayude a leer su realidad y les ayude a recuperar la esperanza.
Tampoco ellos saben leer esos momentos difíciles de sus vidas. Y es entonces que alguien tiene que ayudarles a abrir los ojos y que se vuelvan a reconocer que los dos siguen vivos y que su amor aún está vivo y es capaz de ponerlos en camino.

Es el Emaús de la Iglesia

La Iglesia que se pasó toda la mañana buscando a Jesús. Lo buscó en el sepulcro y no lo encontró. Y la Iglesia se sintió huérfana. Se sintió en la soledad de sí misma sin El. Con sus miedos y sus puertas cerradas.
También la Iglesia atraviesa sus crisis e incluso muchos se alejan de ella decepcionados y buscan casa en otros movimientos.
Por eso la Iglesia necesita de la Eucaristía para volver a reencontrarse con el Resucitado. Necesita reconocerlo en el “pan partido”. Para luego salir del calor del hogar a los caminos del mundo a anunciar que “lo ha reconocido”, lo ha “visto”. Es la misión misionera de la Iglesia. La Iglesia de los caminos.

jueves, 1 de mayo de 2014

Bienaventuranzas para el DÍA del TRABAJADOR

FOTO: La gente que trabaja en las Salinas de Jujuy,   
viven cubiertos por las quemaduras del sol cuando pega fuerte en las salinas.

BIENAVENTURANZAS PARA EL DÍA DEL TRABAJO
Escritas por el P. Eduardo Casas.

Benditos los que ofrecen y comparten trabajos a sus hermanos.

Benditos los que trabajan digna y honestamente.

Benditos los que trabajan por la paz.

Benditos los que trabajan para que siempre haya trabajo para todos.

Benditos los que trabajan por la justicia y trabajan justamente.

Benditos los que luchan para que se destierre la desocupación
y la manipulación de las personas.

Benditos los que trabajan con las manos, la cabeza y el corazón.

Benditos los que trabajan por amor a los demás.

Benditos los que trabajan por mantener y cuidar a sus familias. 

Benditos los que se sacrifican duramente en sus trabajos.

Benditos los que trabajan y disfrutan.

Bendito seas Jesús que trabajaste por nosotros. 

Amén.