domingo, 27 de abril de 2014

Homilia del Papa Francisco en la Misa de la Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII


"En el centro de este domingo, con el que se termina la Octava de Pascua, y que Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo Resucitado.

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el Cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).

Juan XXIII y Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresia del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.

En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante» (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz.

Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.
Esta esperanza y esta alegría se respiraba en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.

Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisionomía originaria, la fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.

En este servicio al Pueblo de Dios, Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene. Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama"...

sábado, 26 de abril de 2014

La Resurrección...sólo Entrega su Secreto al Revelar el de la Cruz...

Escrito por  Eloi Leclerk -de su Libro: El Reino Escondido-

“Secreta resurrección”: me gusta esta alianza de palabras que encontré en Pascal.  La Resurrección de Jesús es secreta, porque se realiza sin testigos, durante la noche; secreta como los grandes comienzos, como los manantiales, como la misma acción creadora.  No es el fulgor del mediodía, sino el despuntar de la aurora, la luz virginal del alba.

La Resurrección es secreta, además, porque no se impone desde fuera, como un acontecimiento que todo el mundo puede ver y constatar.  Es un chorro de vida que fluye por dentro...

“Secreta Resurrección”, porque es un misterio religioso que sólo entrega su secreto al revelar el de la cruz. La Resurrección de Jesús no es un simple retomo a la vida, como pudo serlo la de Lázaro.  El Señor no vuelve a la vida anterior a su pasión, como si no hubiera sucedido nada, como si no hubiera muerto.  El Resucitado no se deja encuadrar en el marco ya conocido del pasado.

La Resurrección no es la negación de la cruz ni una revancha de ésta, sino que, por el contrario, proclama a gritos que Dios estaba con el Crucificado incluso en su abandono; que la cruz, lejos de ser un fracaso, es el triunfo de un Amor más fuerte que la muerte.  Por eso el Resucitado no tiene otra cosa que mostrar que sus llagas.  Y las muestra como la manifestación de la gloria de Dios. Sin la cruz, sin las llagas, podríamos hablar de la gloria de Dios, pero no sabríamos lo que significa esta palabra. Porque la gloria de Dios es el esplendor de su “Agape”, y la resurrección de Jesús es la manifestación de esa gloria, pues nos hace ver en el Crucificado la gran teofanía de la historia, la altura y la profundidad del Amor divino.
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Les dejo esta canción de Salome Arricibita, para terminar con un momento de oración:
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domingo, 20 de abril de 2014

"La Pascua: Fuente y Camino de Paz y Alegría": Meditación del P. Angel Rossi, en Semana Santa

 "La Pascua: fuente y camino de paz y alegría", Audio de la Charla del Padre Ángel Rossi -sj-

"La Semana Santa es algo demasiado grande, una fiesta más para hacer silencio que para hablar. Ojalá que lo que digamos ayude a la contemplación y a rumiar en el corazón" , que  durante éstos días "nuestro corazón va a ser Gólgota y Tabor, palangana para lavar los pies, cruz y tumba abierta. Lo que contemplamos en el evangelio tiene este escenario, y ojalá podamos vivir en ese espacio espiritual donde vuelve a darse la muerte y resurrección de Cristo que es propio corazón".
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Ir a Galilea, es Volver al Primer Amor...

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2014:

El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel  les dice: «Ustedes no teman» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va  delante de ustedes a Galilea» (v. 7).

Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No teman: vayan comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.

También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.

Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!

jueves, 17 de abril de 2014

SEMANA SANTA=Los ‘pasos’ del Amor entregado al Extremo

 Publicado en la EDITORIAL de la revista VIDA NUEVA 

La Pascua vuelve; mejor, la Pascua se renueva. Más que volver, es renovarse, volver a empezar. Y la Iglesia, sujeta al tiempo y al espacio, caminante en la Historia con el gran regalo de la Pascua ardiendo en su corazón y palpitando en sus manos, sigue renovándola en cada momento.


Y cada año vuelve a ponerla sobre la mesa... Pascua es la renovación del Amor que se entrega en la atardecida de Jueves Santo; que se entrega aún más en el amanecer del dolor y muerte de Viernes Santo; que se entrega en lo más profundo y silencioso de la tierra, en la espesura del Sábado Santo; pero que, al fin, se entrega, hecha vida, al amanecer del primer día de la semana.

              Jueves, Adelanto de la Entrega

Y el Amor se adelanta. Nos amó, incluso antes de pecar. No se trata del amor compensación por haber caído, sino del amor oblativo que da sin esperar a cambio nada. Y el Señor, el Amor que se vino a vivir con nosotros en la carne de la Historia, se mete en lo profundo, se abaja, se anodada, para mirar a todos desde abajo, desde su propia miseria. El servicio del lavatorio y el mandamiento del amor no tienen otro fin que ese: la entrega generosa. De ahí nace la Eucaristía; y el sacerdocio.
Es una misma fuente: presencia del Amor rompiendo moldes de espacio y tiempo. En memoria mía; en ausencia mía, esta es mi presencia. Esos juegos de palabras del Señor para afianzarnos en su amor. Es el amor a los últimos y a los más pobres lo que hace presente al Señor Jesús. Y Jueves Santo es ese primer paso del amor entregado.

             Viernes Santo, la Total Entrega


Amor que no se conforma con dar tiempo, sueños, dinero, trabajo, bienes, sino amor que se da, que se ofrece, que se vacía, que se derrama, que se regala. Ese amor es fundante y fundamental. Entra en la dinámica de la muerte porque ha de dar vida. Ha entregado su cuerpo entero para entender a quienes sufren violencia y horror. No puede entenderse la muerte si no hay muerte auténtica.

El martirio es la flor de ese amor entregado. El martirio no es ficción, ni suicidio, sino amor al colmo, como la entrega de Jesús en el Gólgota. Es un Viernes de victoria, porque solo el amor, ya asimiliado y metido en los tuétanos, es capaz de dar sentido al dolor y al sufrimiento. Varón de Dolores. Ecce Homo. Cruz verdecida. Y en ella el perdón al enemigo, al que no sabe lo que hace, al que hay que justificar. No se puede nada más. Es la hora de la total kénosis que lleva al silencio espeso y preñado de luz en sus entrañas.

           Sábado Santo, en la Espera con María

Es la espera tensa con María, pero con una pizca de esperanza que nos alienta. Ha quedado un resto para mantener viva la esperanza. Un sepulcro nuevo. Nunca tuvo tan adentro al sol la tierra. Y es esa espera de Sábado Santo la que viven muchos hermanos, cuando se apagan las luces, cuando se abren las heridas, cuando no hay horizonte. Es una espera certera en la Pascua que comenzamos ya a vivir, a renovar una vez más, con la certeza de la luz. Y seguiremos celebrando la Pascua gozosa en cada instante de la vida.


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Que tengas una Fecunda Semana Santa y una Gozosa Resurrección!!
Con mi cariño y oración

domingo, 13 de abril de 2014

ENTRADA a la SEMANA SANTA...Papa Francisco, palabras de HOY

Por el Papa Francisco

"Esta semana comienza con la procesión festiva, con los ramos de olivos: todo el pueblo recibe a Jesús. Los niños, los jóvenes cantan y alaban a Jesús"…

"Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su Resurrección. Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien hacernos solamente una pregunta:  
  • ¿Quién soy yo? 
  • ¿Quién soy yo delante a mi Señor? 
  • ¿Quién soy yo delante a Jesús que entra festivamente en Jerusalén? 
  • ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo, o tomo distancia? 
  • ¿Estoy yo delante a Jesús que sufre? 
  • Hemos sentido tantos nombres, tantos nombres. Grupos de dirigentes, algunos eran sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que habían decidido asesinarlo. Esperaban la oportunidad de apresarlo".
  • "¿Soy yo como uno de ellos? Y hemos sentido otro nombre: ¡Judas!, treinta monedas. ¿Soy yo como Judas? Hemos sentido otros nombres, los discípulos que no entendían nada, que se dormían mientras el Señor sufría. ¿Mi vida está dormida? O soy como los discípulos que no querían quizás traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería solucionar todo con la espada. Soy yo como ellos?”.
  • “¿Soy yo un Judas que recita de amarlo y besa al Maestro para entregarlo, traicionarlo? ¿Soy un traidor? ¿Soy como esos dirigentes que rápidamente constituyen el tribunal y buscan falsos testimonios? ¿Soy yo como ellos? ¿Y cuando hago estas cosas si las hago, creo que con esto salvo al pueblo? 
  • ¿Soy yo como Pilato, que cuando veo que la situación se pone difícil me lavo las manos, no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar o condeno yo a las personas?”.
  • “¿Soy yo como aquella multitud que no sabía bien si estaban en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elige a Barrabás? Para ellos era lo mismo, era más divertido para humillar a Jesús. 
  • ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? 
  • ¿Soy yo como el cireneo que volvía del trabajo, cansado, pero tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a cargar la cruz?".
  • "¿Soy yo como aquellos que pasaban delante a la cruz y hacían sus burlas a Jesús?: 'Tanto coraje, que baje de la cruz y creeremos en él'. La burla de Jesús. 
  • ¿Soy yo como aquellas mujeres llenas de coraje, como la madre de Jesús, que estaba allí y sufría en silencio? 
  • ¿Soy yo como José, el discípulo escondido que lleva el cuerpo de Jesús para darle sepultura?”.
  • “¿Soy yo como estas dos Marías que se quedan en la puerta del sepulcro llorando, rezando? 
  • ¿Soy yo como estos dirigentes que el día siguiente van a lo de Pilatos para decirle: 'Mire que éste decía que iba a resucitar; que no suceda otro engaño' y bloquean la vida, el sepulcro, para defender la doctrina, para que la vida no venga afuera. 
  • ¿Dónde está mi corazón?
  • ¿A cuál de ellos me asemejo? 

Y que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana"...

sábado, 12 de abril de 2014

Domingo de Ramos:El más el Humilde Cortejo de la Paz ...

Escrito por  Éloi Leclerc -de su Libro: El Reino Escondido-

Jesús pide que le traigan un asno para montarlo...
Los discípulos no lo entendieron entonces; sólo más tarde recordarán lo que había anunciado el profeta Zacarías: «¡Exulta sin mesura, hija de Sión; lanza gritos de gozo, hija de Jerusalen! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno...» (Zac 9,9).

 A las puertas de la ciudad reina una gran animación. La inminente fiesta de la Pascua ha atraído a mucha gente a Jerusalen. Entre esa multitud, hay simpatizantes e incluso adeptos de Jesús; hay también hombres y mujeres que simplemente han oído hablar de él y de sus milagros y que desean verle, como esos griegos de los que habla el Evangelio de Juan. Por eso, cuando se difunde la noticia de su llegada, son muchos los que salen espontáneamente a su encuentro en un ambiente de fiesta. Cortan palmas y ramos de olivo y los agitan, a la vez que lanzan gritos de gozo.

Quieren acoger al joven profeta en medio de la alegría popular. Y en el momento en que aparece Jesús montado sobre el asno y escoltado por sus discípulos, la multitud de simpatizantes se pone a gritar: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!...» (Mt 21,9). «¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (Me 11,10).

En medio de estas aclamaciones mesiánicas, el improvisado cortejo entra en la ciudad. No es una marcha triunfal ni una exhibición de fuerza, sino más bien el humilde cortejo de la paz y de las Bienaventuranzas, que avanza en medio de un clima de fiesta pascual. Para Jesús, esta entrada resume todo su mensaje: ¿no es él aquel por quien viene el Reino y que hace realidad la cercanía de Dios en medio de su pueblo? ¿No es él quien trae al mundo la revelación de la ternura del Padre? A medida que avanza el cortejo, la ciudad se sobresalta a su paso se pregunta: «¿Quién es?»
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Al comenzar esta Semana Santa, podes decir: ¿Quién es Jesús, para vos?...

domingo, 6 de abril de 2014

El Papa Francisco, hoy= La Palabra de Jesús que Resucita a Lázaro

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma narra la resurrección de Lázaro.

Es la culminación de los "signos" prodigiosos hecha por Jesús: un gesto demasiado grande, demasiado divino para ser tolerado por los sumos sacerdotes, que conocieron el hecho y tomaron la decisión de matar a Jesús. Lázaro estaba muerto durante tres días: Cuando Jesús llegó, a sus hermanas Marta y María les dijo palabras que fueron grabadas para siempre en la memoria de la comunidad cristiana: "Yo soy la resurrección y la vida; Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; El que vive y cree en mí no morirá eternamente».

En la palabra del Señor, creemos que las vidas de aquellos que creen en Jesús y siguen sus mandamientos, después de la muerte se transformarán en una nueva vida, plena e inmortal. Como Jesús ha resucitado con su cuerpo, pero no ha regresado a una vida terrenal, así nosotros nos levantaremos nuevamente con nuestros cuerpos para ser transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos está esperando con el Padre, y el poder del Espíritu Santo.

Ante la tumba sellada, Jesús clamó a gran voz, "¡Lázaro, ven!". El hombre muerto salió, sus manos y pies atados con vendas y el rostro envuelto en un sudario. Este grito es imperativo para todos los hombres, porque todos estamos marcados por la muerte; es la voz de lo que es el señor de la vida y quiere tenerlo todo abundantemente". Cristo no revisa las tumbas que construimos con nuestras elecciones del mal y la muerte. Él nos invita, casi, una especie de salir fuera de la tumba donde nuestros pecados nos hemos derrumbado. Nos pide con insistencia que salgamos de la oscuridad de la cárcel donde estábamos encerrados, no contentarnos con una vida falsa, egoísta, mediocre "¡ Sal!". Nos interpelan estas palabras que Jesús repite hoy a cada uno de nosotros. Seamos libres de orgullos y de "vendas". Nuestra resurrección empieza desde aquí: cuando nos decidimos a obedecer la orden de Jesús salir a la luz, a la vida; Cuando nuestras máscaras caen tenemos el coraje de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios.

El gesto de levantar a Lázaro de Jesús demuestra cuánto será la fuerza de la gracia de Dios, y por lo tanto, hasta dónde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio: no hay límite a la misericordia de Dios ofrecida a todos! El señor está siempre dispuesto a levantar la lápida de nuestros pecados, que nos separa de él, la luz de los vivos.

DÍA 13: Ejercicios Espirituales en la Vida Cotidiana- P. Fernando Cervera -sj-

JESÚS CAMINA A JERUSALÉN

Para escuchar hacer clik:

sábado, 5 de abril de 2014

Lázaro y el Poder Sanador de la Amistad...


Escrito de la Hna. Mariola Lopez Villanueva -RSCJ-
 -Jn 11, 1-12-

Vamos a mirar en el evangelio de Juan qué significa para Lázaro, para Jesús y para Marta ser capaces de vivir una amistad que los pone en estado de amor y cómo su relación hace transparente la potencia del amor de Dios en medio de ellos.

Betania es un lugar simbólico en nuestras vidas. Buscamos betanias, las agradecemos, las echamos de menos cuando nos faltan. Es un  espacio de nutrientes y de alimento en sentido amplio: de afecto, calor, distensión, cuidados, atención, presencia, ternura y contacto. Para Jesús y sus amigos fue un lugar de intimidad y de descubrimientos. Betania significa casa de los pobres, comenzar reconociendo que vamos al encuentro de nosotros mismos, de Dios y de los demás, experimentándonos necesitados.

Crecer en el amor

¿Quién no ha experimentado dolor ante el sufrimiento de un ser querido? ¿Quién no se ha sentido como Marta suplicando por su hermano enfermo?

 “Cuando Marta oyó que Jesús llegaba salió a su encuentro” (Jn 11, 20). Ella es ahora quien toma la iniciativa.  Cuando tenemos que enfrentar la enfermedad de una persona querida, o la propia, en las situaciones límites de la vida, nos damos cuenta hasta que punto queremos a los demás. Cuando Marta tiene que soportar y enfrentar la muerte de su hermano, será para ella un momento de verdad consigo misma y con Aquel que le estaba enseñado a  vivir. 

Ahora se sitúa al lado de María, las pérdidas, el dolor,  nos acercan a los otros. Ellas  ya no están en una relación de competencia ni de rivalidad (Lc 10, 38-42) y mandan juntas un mensaje a Jesús, no es una petición explícita pero sí conlleva una confianza honda en las posibilidades del amor: “Señor, tu amigo está enfermo”. No le dicen  “nuestro hermano”, porque quieren vincularlo a Jesús, “aquel al que tú amas está enfermo”.

“Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro” (Jn 11,  5), y es en esa corriente de vida donde aprendemos el poder curativo que tienen las relaciones. El sufrimiento puede despertarnos a la dimensión de profundidad de la realidad y de nosotros mismos. Pero necesitamos pasar por un proceso de transformación para que el sufrimiento y el dolor nos abran al Misterio y no nos sumerjan en la desesperación. Jesús va a ayudar a Marta a pasar este proceso. 

Volver a la casa de sus amigos, en un momento en que están tan heridos, le supone  también a Jesús dejarse herir. Algo tendrá que perder él para darle al amigo. La amistad nos hace vulnerables:“Maestro, hace poco que los judíos quisieron apedrearte. ¿Cómo es posible que quieras volver allá?” (v. 8). Y es en esta situación de vulnerabilidad donde Marta se deja ordenar, y hace su aprendizaje de verdadera discípula. ¿Qué ha ido aprendiendo Marta desde aquella vez que pedía ayuda para ella? (Lc 10)  Ahora es una mujer que ha crecido y que se atreve a expresar una petición mayor, ya no para sí misma, sino para su hermano, y le dice a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano...Aún así, yo sé que todo lo que le pidas a Dios él te lo concederá”.  

Jesús encuentra una oportunidad para manifestarse. La sumerge un poco más adentro, él mismo es la Puerta de la Vida. Cruzar esa puerta es invitación suya y decisión nuestra empujarla suavemente hacia adentro y avanzar allí donde ya no sabemos. Hasta aquí Marta sabía, ahora dejará que sea Jesús el que la adentre donde no sabe. “El que esté vivo y crea en mi jamás morirá ¿Crees esto?” (v. 26).  Como si quisiera decirle: ¿Eres capaz de contener esto? ¿Estás preparada para acogerlo? “Sí, Señor” (v. 27), le responde Marta. Ella  entra en el Sí de Dios, en su afirmación por cada ser que vive y respira y le dices a Jesús: “yo creo que tu eres...el que tenía que venir” (v. 27). La amistad nos lleva a creer en las posibilidades dormidas en el amigo, en su potencial ilimitado, en su capacidad de amar y ser amado; en toda la novedad que quiere irrumpir en él a través de nuestros ojos.  “Yo soy la resurrección y la vida”, le revela Jesús, y  ella, al mirarle, le  hace la misma confesión que Pedro: “Yo creo que tú eres el Mesías” . 

Dice Juan que “Jesús se detuvo en el lugar donde Marta se había encontrado con él” (v. 30). También él tenía necesidad de ahondar lo recibido en ese intercambio mutuo de saberes y de dones. En el diálogo, en la escucha que se han regalado, cada uno ha encontrado su  lugar, sabiéndose aceptado y reconocido por el otro, pasando por una experiencia de transformación mutua. Escribía Egide en este sentido: “El corazón de mi actividad apostólica es la amistad que se va haciendo cada vez más abierta, más afectuosa, más humana...Me doy cuenta de que debemos todavía descubrir las profundidades y espacios inmensos que contienen los contactos personales.”

Este contacto con su amigo Jesús en un momento en que ambos comparten el dolor por la pérdida de la persona querida, va a madurar a Marta. En adelante será una mujer despierta, capaz de despertar a otros y por eso puede decirle a su hermana:  “el maestro esta ahí y te llama”.