martes, 31 de diciembre de 2013

ESPIRITUALIDAD COTIDIANA cumple 2 años!! GRACIAS por todo lo COMPARTIDO...


Hoy hace dos años que a través de ESPIRITUALIDAD COTIDIANA estamos compartiendo diferentes artículos y textos de espiritualidad.

Agradezco la fidelidad de muchos de ustedes que reciben semanalmente las entregas y las comparten entre muchos amigos y conocidos.

Agradezco a los diferentes autores de los cuales he bebido y me han ayudado a descubrir la PRESENCIA de DIOS en el DESIERTO de la VIDA COTIDIANA, entre los cuales se encuentran:


  • Papa Francisco
  • Jose Luis Martín Descalzo
  • Padre Angel Rossi -sj-
  • Padre Diego Fares -sj-
  • Hna. Dolores Aleixandre -RSCJ-
  • Hna. Mariola Lopez Villanueva -RSCJ-
  • Jean Vanier
  • Dominic Milroy, OSB, monje Benedictino
  • Piet Van Breemen -sj-
  • Alesandro Pronzatto
  • Hernan Rodriguez Osorio -sj-
  • Fr, Jesús Sanz Montes, ofm
  • Mamerto Menapace
  • Xavier Quinzá Lleo -sj-
  • Clemente Sobrado -CP-
  • Eduardo Casas
  • Madre Teresa
  • Benjamín Gonzales Buelta -sj-
  • Eloi Leclerc
  • José Antonio Pagola
  • Antonio L. Garcia
  • Eduardo Galeano
  • Josep Rambla -sj-
  • Javier Albisu 
  • Aselm Grum
  • Elena Lasida
  • CEP -Centro de Espiritualidad y Pastoral, Venezuela-
  • Roberto Sayalero Sanz
  • Antonio López Baeza
  • Ana María Días
  • Gabriela Mistral
  • Hamlet Lima Quintana
  • P. Nicolas Retes
  • Aurelio Sanz Baeza
  • Karl Raner
  • Toni Catala
  • Familia Espiritual Carlos de Foucauld
  • Red Evangelizadore Buenas Noticias
  • Liliana Bodoc
  • Catholic. Net
  • Santiago Agrelo
Agradezco a Dios el poder conocer a personas de diferentes países de todo el mundo que han visitado este BLOG, haciendo universal un MENSAJE  de ESPERANZA y  de FE.

Entre los países destaco: 
  • Argentina
  • Estados Unidos
  • España
  • México
  • Colombia
  • Chile
  • Uruguay
  • Perú
  • Rusia
  • Malasia
  • Ecuador
  • República Dominicana
  • Sudáfrica
  • Canadá
  • China
  • Japón
  • Italia
  • Venezuela
  • Brasil
  • Alemania
  • Puerto Rico
  • Francia
  • El Salvador
  • Israel
  • Nigeria
  • Países Bajos
  • Portugal
  • Costa Rica
  • Cuba
  • Panamá
  • Honduras
  • India
  • Indonesia
  • Angola
  • Guayana Francesa
  • Kenia
  • Ucrania
  • Bielorrusia
  • Suiza
  • Bélgica
  • Nicaragua
  • Iraq
  • Emiratos Árabes Unidos
  • Polonia
  • Georgia
  • Tailandia
  • Costa de Marfil
  • Turquía
  • Corea del Sur
  • Hong Kong
  • Taiwan
  • Sri Lanka
  • Eslovaquia
  • Grecia
  • Líbano
  • Antillas Neerlandesas
  • Rumanía
  • Dinamarca
  • Mozambique
  • Bangladesh
  • Mónaco
  • Luxemburgo
  • Aruba
  • Guinea Ecuatorial
  • Senegal
  • y muchos más...
Feliz 2014!!!!!!!!!!!!!!!!

Marta Irigoy
misionera diocesana


sábado, 28 de diciembre de 2013

Nazareth, un lugar para aprender la sabiduría de la vida sencilla...


Palabras del Papa Pablo VI, en su visita a  Nazaret el 5 de enero de 1964


Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.

Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá e una manera casi insensible, a imitar esta vida.

Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.

Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de la disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.

¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.

En Nazareth aprendemos...

La primera lección es el silencio. 

Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.

La segunda lección es la vida de familia: 

Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.

La tercera lección es la del trabajo. 

Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.

Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor...

martes, 24 de diciembre de 2013

Saludo de Navidad a los Amigos de ESPIRITUALIDAD COTIDIANA...

Que está Noche Buena, contemplemos admirados la Ternura de un Dios que se ha enamorado de nuestra pequeñez...

Con mi cariño y Oración 

Vayamos al Pesebre en esta Navidad: Audio de la Charla del P. Angel Rossi -sj-, por Radio Continental

Para escuchar el audio hacer clik en el siguiente enlace:

http://www.continental.com.ar/escucha/archivo_de_audio/las-reflexiones-del-padre-angel-rossi-navidad/20131224/oir/2043427.aspx

Sólo tu Vacío Puede ser Hospitalario...

Texto anónimo, ya que no recuerdo como llegó a mis manos -Les pido, si alguien sabe el nombre del autor/ra por favor hacérmelo saber-

Donde estás lleno no “cabe” salvación. Creemos que los brillantes colores del día están lleno de luz… y la verdad es muy distinta: brillan porque refractan la luz. Sólo el negro la absorbe, la acoge, la recibe. Sólo la noche es hospitalaria con la luz.

No busques agua en la cumbre de tus éxitos y logros. Sólo te darán más sed. Tampoco te eches a dormir desahuciado, a la espera de que la muerte apague la sed. No temas el pozo. El negro pozo. Ahí abajo, en su negra hondura, en el oscuro vacío de tus fracasos, de tus pobrezas, de tus carencias… ahí brota la fuente.

Sólo el vacío puede ser hospitalario con el que viene a salvarte.
  • Sólo la noche es hospitalaria con la luz.
  • Como el silencio lo es de la palabra.
  • Como la tierra reseca lo es del agua.

El mundo, experto en noches de fiesta, se topa hoy con una fiesta a la noche. Nochebuena es la fiesta del no-ver, del no-saber. Fiesta de la intemperie. Celebración de la fragilidad. Es la fiesta de un credo que se empecina en anunciarle al mundo que la mansedumbre vale más que la violencia, el silencio más que la elocuencia, el límite más que la destreza, la pequeñez más que la grandeza.

Es la fiesta de un credo empecinado en hacer apología de la vulnerabilidad.
La noche más larga, más intensa, más negra: esa es nuestra fiesta.

Por eso el pesebre y un parto a intemperie. Por eso un niño envuelto en debilidad. Por eso una María asustada y un José desconcertado. Por eso harapientos peregrinos que llegan a tientas y ciegas sin saber ni a dónde están llegando. Sin alharacas. Sin lustre ni palabra. Y en el silencio de la noche, de la medianoche, con callada elocuencia, una estrella anuncia buena noticia que como un eco recorre la noche de todos los tiempos y se arremolina a la puerta de todos los corazones de la historia: bienaventurados los vulnerables, porque de ellos es el arte de amar. Y con más o menos conciencia, más o menos fe, más o menos convicción, al dar las 12, es decir, cuando lo nocturno llega a su “cenit”, a su punto más oscuro, todos levantamos nuestra copa y en secreta complicidad celebramos la fiesta más loca de la historia de las civilizaciones: ¡feliz navidad!, ¡feliz de ti, que eres frágil!, ¡feliz en tu carencia, pues sólo ella te abre a la salvación! Creyente o incrédulo, practicante o indiferente: tu necesidad te ha salvado; tu gemido interior te ha hecho orante; tu noche te ha hecho bien.
Y un Niño envuelto en pañales, con llanto de frío y hambre, nos bendice en la penumbra. Y su diminuto rostro moreno revela y oculta los rasgos de la aurora…

sábado, 21 de diciembre de 2013

"LA NAVIDAD" -Audio de la CHARLA del P. ANGEL ROSSI -SJ, EN RADIO CONTINENTAL-

"LA NAVIDAD"

Hacer clik en el siguiente link:

http://www.continental.com.ar/playermini.aspx?id=2041495

4to Domingo de Adviento: Emmanuel...

Escrito por José Antonio Pagola -Fuente: ECLESALIA-

El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también“Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?

De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso:
  • Muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. 
  • Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. 
  • Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. 
  • Para otros, el mejor camino es Jesús.

El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.

¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

"Jamás tener Miedo a la Ternura"

La entrevista con Papa Francisco sobre la Navidad, el hambre en el mundo, el sufrimiento de los niños, la reforma de la Curia, mujeres cardenales, IOR y el próximo viaje a Tierra Santa

En la entrevista el Papa también habló sobre las relaciones con las demás confesiones cristianas y el «ecumenismo de la sangre» que une en la persecución, aludió a la situación del matrimonio y la familia (de la que se ocupará el próximo Sínodo), respondió a quienes lo han criticado en los Estados Unidos (definiéndolo “marxista”) y también habló sobre la relación entre la Iglesia y la política. 

  • ¿Qué significa para usted la Navidad?

Es el encuentro con Jesús. Dios siempre ha buscado a su pueblo, lo ha guiado, lo ha custodiado, ha prometido que le estará siempre cerca. En el Libro del Deuteronomio leemos que Dios camina con nosotros, nos guía de la mano como un papá con su hijo. Esto es hermoso. La Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. Y también es una consolación, un misterio de consolación. Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, pasé algunas horas solo, en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz. Recuerdo una vez aquí en Roma, creo que era la Navidad de 1974, en una noche de oración después de la misa en la residencia del Centro Astalli. Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo. 

  • ¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy?

Nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Es el papá que nos abre las puertas. Segunda: no tengan miedo de la ternura. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se enreda en las ideologías, en las actitudes mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia. Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar. Tal vez por esto, viendo hacia el futuro, hablo a menudo sobre los niños y los ancianos, es decir los más indefensos. En mi vida como sacerdote, yendo a la parroquia, siempre traté de transmitir esta ternura, sobre todo a los niños y a los ancianos. Me hace bien, y pienso en la ternura que Dios tiene por nosotros. 

  • ¿Cómo es posible creer que Dios, considerado por las religiones como infinito y omnipotente, se haga tan pequeño?

Los Padres griegos la llamaban "synkatabasis", condescendencia divina. Dios que desciende y está con nosotros. Es uno de los misterios de Dios. En Belén, en el 2000, Juan Pablo II dijo que Dios se convirtió en un niño que dependía totalmente de los cuidados de un papá y de una mamá. Por esto la Navidad nos da tanta alegría. Ya no nos sentimos solos, Dios descendió para estar con nosotros. Jesús se hizo uno de nosotros y sufrió por nosotros el final más terrible en la cruz, el de un criminal. 

  • A menudo se presenta la Navidad como una fábula de ensueño. Pero Dios nace en un mundo en el que también hay mucho sufrimiento y miseria…

Lo que leemos en los Evangelios es un anuncio de alegría. Los evangelistas describen una alegría. No hacen consideraciones sobre el mundo injusto, sobre cómo pudo nacer Dios en un mundo así. Todo esto es fruto de nuestra contemplación: los pobres, el niño que nace en la precariedad. La Navidad no fue una denuncia de la injusticia social, de la pobreza, sino un anuncio de alegría. Todo lo demás son conclusiones que sacamos nosotros. Algunas correctas, otras menos y otras más ideologizadas. La Navidad es alegría, alegría religiosa, alegría de Dios, interior, de luz, de paz. Cuando no se tiene la capacidad o se está en una situación humana que no te permite comprender esta alegría, se vive la fiesta con alegría mundana. Pero entre la alegría profunda y la alegría mundana hay mucha diferencia. 

  • Es su primera Navidad como Obispo de Roma, en un mundo lleno de conflictos y guerras…

Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo. Si nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Todos, desde el más santo hasta el más pecador, desde el más limpio hasta el más corrupto. Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene. La Navidad en este tiempo de conflictos es un llamado de Dios, que nos da este don. ¿Queremos recibirlo o preferimos otros regalos? Esta Navidad en un mundo afectado por las guerras me hace pensar en la paciencia de Dios. La principal virtud de Dios, indicada en la Biblia, es que Él es amor. Él nos espera, no se cansa nunca de esperarnos. Él da el don y después nos espera. Esto sucede en la vida de cada uno de nosotros. Hay algunos que lo ignoran. Pero Dios es paciente y la paz, la serenidad de la noche de Navidad, es un reflejo de la paciencia de Dios hacia nosotros. 

  • En enero se cumplen cincuenta años del histórico viaje de Pablo VI a la Tierra Santa. ¿Usted va a ir?

La Navidad siempre nos hace pensar en Belén, y Belén está en un punto preciso, en la Tierra Santa donde vivió Jesús. En la noche de Navidad pienso, sobre todo, en los cristianos que viven allí, en los que están en dificultades, en todos los que han tenido que abandonar esa tierra por diferentes problemas. Pero Belén sigue siendo Belén. Dios vino a un punto determinado, a una tierra determinada, apareció allí la ternura de Dios, la gracia de Dios. No podemos pensar en la Navidad sin pensar en la Tierra Santa. Hace cincuenta años, Pablo VI tuvo la valentía para salir e ir allá, y así empezó la época de los viajes papales. Yo también deseo ir, para encontrarme con mi hermano Bartolomeo, Patriarca de Constantinopla, y conmemorar con él este quincuagésimo aniversario renovando el abrazo de 1964 entre Papa Montini y Atenágoras en Jerusalén. Nos estamos preparando. 

  • Usted ha estado en muchas ocasiones con niños gravemente enfermos. ¿Qué puede decir ante este sufrimiento inocente?

Para mí, Dostoyevski ha sido un maestro de vida, y su pregunta, explícita e implícita, siempre ha rondado mi corazón: ¿por qué sufren los niños? No hay explicación. Me viene esta imagen: en cierto momento de su vida, el niño se “despierta”; no entiende muchas cosas, se siente amenazado, empieza a hacer preguntas a su papá o a su mamá. Es la edad del “por qué”. Pero cuando el hijo pregunta, luego no escucha todo lo que le tienes que decir y te acorrala con nuevos “por qué”. Lo que busca, más que una explicación, es la mirada del papá que le da seguridad. Frente a un niño que sufre, la única oración que me viene es la oración del “por qué”. ¿Señor, por qué? Él no me explica nada, pero siento que está viéndome. Entonces puedo decir: “Tú sabes por qué, yo no lo sé y Tú no me lo dices, pero me ves y yo confío en Ti, Señor, confío en tu mirada”. 

  • Al hablar sobre el sufrimiento de los niños, no se puede olvidar la tragedia de quienes sufren hambre.

Con la comida que dejamos y tiramos podríamos dar de comer a muchísima gente. Si lográramos no desperdiciar, reciclar la comida, el hambre en el mundo disminuiría mucho. Me impresionó leer una estadística que habla de 10 mil niños que mueren de hambre cada día en el mundo. Hay muchos niños que lloran porque tienen hambre. El otro día, en la audiencia del miércoles, atrás de una valla había una joven mamá con su niño de pocos meses. Cuando pasé, el niño lloraba mucho. La mamá lo acariciaba. Le dije: “Señora, creo que el pequeño tiene hambre”. Ella respondió: “Sí, ya es hora…”. Y le dije: “¡Pero dele de comer, por favor!”. Ella tenía pudor, no quería amamantarlo en público, mientras pasaba el Papa. Entonces quisiera decir lo mismo a la humanidad: ¡den de comer! Esa mujer tenía la leche para su niño, en el mundo tenemos suficiente comida para que coman todos. Si trabajáramos con las organizaciones humanitarias y lográramos ponernos todos de acuerdo para no desperdiciar comida, mandándola a los que la necesitan, contribuiríamos mucho para resolver la tragedia del hambre en el mundo. Quisiera repetir a la humanidad lo que dije a aquella mamá: ¡den de comer a los que tienen hambre! Que la esperanza y la ternura de la Navidad del Señor nos sacudan de la indiferencia. 

  • Algunos pasajes de la “Evangelii gaudium” le granjearon las acusaciones de los ultra-conservadores estadounidenses. ¿Qué siente un Papa cuando escucha que lo definen “marxista”?

La ideología marxista está equivocada. Pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenos como personas, y por esto no me siento ofendido. 
Las palabras que más han sorprendido son las palabras sobre la economía que «mata»… 

En la Exhortación no hay nada que no se encuentre en la Doctrina social de la Iglesia. No hablé desde un punto de vista técnico, traté de presentar una fotografía de lo que sucede. La única cita específica fue sobre las teorías del “derrame”, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Se prometía que, cuando el vaso hubiera estado lleno, se habría desbordado y los pobres se habrían beneficiado. En cambio sucede que, cuando está lleno, el vaso, por arte de magia, crece y así nunca sale nada para los pobres. Esta fue la única referencia a una teoría específica. Repito, no hablé como técnico, sino según la Doctrina social de la Iglesia. Y esto no significa ser marxista. 

  • Usted anunció una «conversión del papado». ¿Los encuentros con los patriarcas ortodoxos han sugerido alguna vía concreta?

Juan Pablo II habló de manera muy explícita sobre una forma de ejercicio del primado que se abra a una situación nueva. Pero no sólo desde el punto de vista de las relaciones ecuménicas, sino también en las relaciones con la Curia y con las Iglesias locales. En estos primeros nueve meses he recibido las visitas de muchos hermanos ortodoxos, Bartolomeo, Hilarion, el teólogo Zizioulas, el copto Tawadros; este último es un místico, entraba a la capilla, se quitaba los zapatos e iba a rezar. Me sentí su hermano. Tienen la sucesión apostólica, los recibí como hermanos obispos. Es un dolor no poder celebrar juntos todavía la eucaristía, pero la amistad existe. Creo que el camino es este: la amistad, el trabajo en común y rezar por la unidad. Nos bendijimos los unos a los otros; un hermano bendice al otro, un hermano se llama Pedro y el otro se llama Andrés, Marco, Tomás… 

  • ¿La unidad de los cristianos es una prioridad para usted? 

Sí, para mí el ecumenismo es prioritario. Hoy existe el ecumenismo de la sangre. En algunos países matan a los cristianos porque llevan consigo una cruz o tienen una Biblia; y antes de matarlos no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos. La sangre está mezclada. Para los que matan somos cristianos. Unidos en la sangre, aunque entre nosotros no hayamos logrado dar los pasos necesarios hacia la unidad, y tal vez no sea todavía el tiempo. La unidad es una gracia que hay que pedir. Conocí en Hamburgo a un párroco que seguía la causa de beatificación de un sacerdote católico que fue guillotinado por los nazis porque enseñaba el catecismo a los niños. Después de él, en la fila de los condenados, había un pastor luterano y lo mataron por el mismo motivo. Su sangre está mezclada. Ese párroco me contó que había ido a ver al obispo y le había dicho: “Sigo con la causa, pero de los dos, no sólo del católico”. Este es el ecumenismo de la sangre. Todavía existe hoy, basta leer los periódicos. Los que matan a los cristianos no te piden el documento de identidad para saber en cuál Iglesia fuiste bautizado. Tenemos que tomar en cuenta esta realidad. 

  • En la Exhortación apostólica usted invitó a tomar decisiones pastorales prudentes y audaces en cuanto a los sacramentos. ¿A qué se refería?

Cuando hablo de prudencia no pienso en una actitud paralizadora, sino en una virtud de quien gobierna. La prudencia es una virtud de gobierno. También lo es la audacia. Hay que gobernar con audacia y con prudencia. Hablé del bautismo y de la comunión como alimento espiritual para seguir adelante, y que se debe considerar como un remedio y no como un premio. Algunos pensaron inmediatamente en los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, pero yo nunca hablo de casos particulares: solo quería indicar un principio. Debemos tratar de facilitar la fe de las personas más que controlarla. El año pasado en Argentina denuncié la actitud de algunos sacerdotes que no bautizaban a los hijos de madres solteras. Es una mentalidad enferma. 

  • ¿Y en cuanto a los divorciados que se han vuelto a casar?

La exclusión de la comunión para los divorciados que viven una segunda unión no es una sanción. Hay que recordarlo. Pero no hablé de esto en la Exhortación. 

  • ¿Se ocupará de ello el próximo Sínodo de los obispos?

La sinodalidad en la Iglesia es importante: sobre el matrimonio en su conjunto hablaremos en las reuniones del Consistorio en febrero. Después el tema será afrontado en el Sínodo extraordinario de octubre de 2014 y también durante el Sínodo ordinario del año siguiente. En estas sedes se profundizarán y aclararán muchas cosas. 

  • ¿Cómo procede el trabajo de sus ocho “consejeros” para la reforma de la Curia?

El trabajo es largo. Quienes querían presentar propuestas o enviar ideas ya lo han hecho. El cardenal Bertello recopiló las opiniones de todos los dicasterios vaticanos. Recibimos sugerencias de los obispos de todo el mundo. En la última reunión los ocho cardenales dijeron que hemos llegado al momento de presentar propuestas concretas y en el próximo encuentro, en febrero, me entregarán sus primeras sugerencias. Yo siempre estoy presente en los encuentros, excepto el miércoles en la mañana por la audiencia. Pero no hablo, sólo escucho, y esto me hace bien . Un cardenal anciano me dijo hace algunos meses: “Usted ya comenzó la reforma de la Curia con la misa cotidiana en Santa Marta”. Esto me hizo pensar: la reforma empieza siempre con iniciativas espirituales y pastorales, antes que con cambios estructurales. 

  • ¿Cuál es la relación correcta entre la Iglesia y la política?

La relación debe ser al mismo tiempo paralela y convergente. Paralela, porque cada uno tiene su camino y sus diferentes tareas. Convergente, sólo para ayudar al pueblo. Cuando las relaciones convergen antes, sin el pueblo, o sin tomar en consideración al pueblo, comienza ese contubernio con el poder político que acaba pudriendo a la Iglesia: los negocios, los compromisos… Hay que proceder paralelamente, cada uno con el propio método, las propias tareas, la propia vocación. Convergentemente solo en el bien común. La política es noble, es una de las formas más altas de caridad, como decía Pablo VI. La ensuciamos cuando la usamos para los negocios. La relación entre la Iglesia y el poder político también puede corromperse, si no converge sólo en el bien común. 

  • ¿Puedo preguntarle si tendremos mujeres cardenales?

Es una frase que salió de quién sabe dónde. Las mujeres en la Iglesia deben ser valorizadas, no “clericalizadas”. Los que piensan en las mujeres cardenales sufren un poco de clericalismo. 

  • ¿Cómo procede el trabajo de limpieza en el IOR?

Las comisiones referentes están trabajando bien. Moneyval nos dió un informe bueno, vamos por el buen camino. Sobre el futuro del IOR, veremos. Por ejemplo, el “banco central” del Vaticano sería la Apsa. El IOR fue creado para ayudar a las obras de religión, a las misiones, a las Iglesias pobres. Luego se convirtió en lo que es ahora. 

  • ¿Hace un año se habría imaginado que la Navidad de 2013 la habría celebrado en San Pedro?

Claro que no. 

  • ¿Se esperaba que lo eligieran?

No, no me lo esperaba. No perdí la paz mientras aumentaban los votos. Permanecí tranquilo. Y esa paz todavía me acompaña, la considero un don del Señor. Al terminar el último escrutinio, me llevaron al centro de la Sixtina y me preguntaron si aceptaba. Respondí que sí, dije que me habría llamado Francisco. Sólo entonces me alejé. Me llevaron a la habitación contigua para cambiarme. Después, poco antes de asomarme, me arrodillé para rezar durante algunos minutos en compañía de los cardenales Vallini y Hummes en la capilla Paulina. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Sigamos Caminando a Belén...

Escrito por Alesandro Pronzatto


En este 3er. Domingo de Adviento se nos propone la imagen del camino del desierto, que se convierte en la «vía sagrada».  Para esto es fundamentalmente el camino de la esperanza que propone la primera lectura de Isaias y el camino de la paciencia de la segunda lectura, de Santiago.

Gracias al Dios que «viene a salvarnos», las situaciones desesperadas se transforman en experiencias de vida, de paz y de felicidad, que tienen su imagen más significativa en el desierto que florece.

El camino de la esperanza

La esperanza, para no verse reducida a un discurso vago, tiene que concretarse como capacidad de sostener y de alimentar la esperanza en otras personas que están a punto de perderla o que ya la han perdido (y que, a menudo, tienen suficientes motivos para ello...).


Pero hoy son bastante raros los «proveedores» auténticos, convencidos y convincentes, de esperanza, capaces de robustecer «las manos débiles», de afianzar las «rodillas vacilantes», de decir las palabras justas a los «cobardes de corazón» (o sea, a los que han perdido el corazón, por no poder sostener un peso excesivo, la soledad, la incomprensión, la serie impresionante de desgracias y desilusiones), de dar ánimos, de sostener...

Por el contrario, son demasiados los portadores de mensajes que tienen casi siempre como contenido el miedo, el castigo, las amenazas. Y hay que seguir perplejos, por lo menos, ante ciertas comunicaciones «de arriba» de tono duro, siempre del lado de lo catastrófico, un tanto chantajistas, que fomentan una especie de «terrorismo espiritual».

Las palabras de no pocos anunciadores del evangelio suenan a duras, ásperas, acusadoras, o al menos son muy poco estimulantes. En algunas bocas la «buena noticia» se transforma en una feroz «rendición de cuentas».

La esperanza es la virtud más difícil. Tan difícil que son pocos los que consiguen trasmitirla.

Pero cuando nos encontramos a veces con uno de estos raros sembradores de esperanza, tenemos la impresión de que también en nuestro desierto personal ha asomado al menos una risueña florecilla.

El camino de la paciencia

En el lenguaje de Santiago la esperanza toma la forma de la paciencia. Quizás piensen algunos que el discurso de la paciencia es sobre todo para los viejos, para los derrotados, para los resignados.

Pero la paciencia abarca toda la parábola de la vida, «hasta la venida del Señor». Y es una fuerza, no una debilidad.

La paciencia no está al final, cuando ya no hay nada que hacer. La paciencia se sitúa al comienzo de toda empresa, cuando todavía está todo por hacer.

Se comienza con la paciencia. Se continúa con la paciencia. Y se lleva a término una obra en la paciencia.

Como observa A. Séve, en la perspectiva de Santiago está:

-La paciencia-amor («no se  quejen unos de otros»).

-La paciencia-espera. Y de ésta se nos presentan infinitas ocasiones de todos los tipos (un atasco en el transito, la cola en el médico, la fila ante una ventanilla, una carta que no llega, el trasporte público que no funciona, la repetitividad en el trabajo, los resultados que no responden a nuestros esfuerzos y al plazo que habíamos señalado).

-La paciencia fuerza. Sí, la paciencia asegura la solidez a toda la construcción. La paciencia es más fuerte que las oposiciones, que las resistencias, que los golpes imprevistos, que las dificultades de todo tipo.
Solamente la paciencia da solidez al amor.

En una palabra, la «vía sagrada» es el camino para salir de las situaciones difíciles y hasta desesperadas, que no tienen aparentemente solución, hacia la plenitud y la paz, a través de la paciencia.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Andar con los ojos y el corazón abiertos para dejarse enseñar...


Una historia que nos hace pensar mucho sobre los valores que se nos invitan a gestar en nuestro entorno cotidiano...

La tome del Facebook, de un sacerdote, que con humildad comparte este "acontecimiento de Gracia" en un día cualquiera...

- “… padre, ¿puede parar un ratito?...”.

- “… sí, esperá que bajo de la bici… ¡hola!, soy el padre Gustavo...”.

- “… sí, mis nenas me hablan siempre de usted… lo quieren mucho…”.

- “… ah, estas mocosas tan inquietas son tuyas… ¡son muy buenas!…”.

- “… sí, lo son… pero, yo tengo que ser mejor y trabajar más… vió, ellas están creciendo…”.

- “… son muy educadas, ¡te felicito!... se lo dije un día a tu señora… siempre saludan con una sonrisa… y siempre dan las gracias…”.

- “… ¡y también, padre!… si cada vez que usted pasa les deja algo… la más grande me está enseñando a rezar el Padrenuestro con el librito que usted le trajo… yo soy medio bruto… estoy todo el día en la calle…”.

- “… ¿cómo te llamás?...”.

- “… Daniel… yo me llamo Daniel, padre…”.

- “… bien Daniel, ¿en qué te puedo ayudar?...”.

- “… ¿no se va a ofender, padre?… yo soy cartonero en Capital… y de una Clínica siempre me ayudan… tengo un bolsón de pañales para abuelos… vió, y yo estas cosas no las vendo, hay gente que las necesita… y es deshonesto vendarlas porque a mí me las regalan… cuando tenga cosas así, ¿se las puedo dar a usted así las da?... ¿no se ofende?...”.

- “… pero, hombre… ¿cómo querés que me ofenda?... ya a ser un gusto…”.

- “… gracias, padre… nosotros somos pobres, usted conoce nuestro ranchito… pero tratamos de enseñarles a nuestras nenas que sean buenas… y si uno no es bueno, de nada sirven las palabras…”.

- “… Daniel, qué lindo lo que me decís… me da mucha alegría ver que tenés tan claras las cosas… ¡venga un abrazo!...”.

- “… ¡pero estoy todo sucio y con olor a basura!…”.

- “… quedate tranquilo que yo estoy más sucio que vos, pero no se nota…”.

Fue hoy, miércoles 11 de diciembre de 2013, a las 19.30hs, saliendo de Bístrica en Tolstoi y Uspallata. La sencillez, humildad y honestidad de Daniel me reconfortaron. Las nenas son cuatro, y realmente son buenas. Se trata de ser buenos nomás. Y sin vueltas. Y sin excusas. Y sin vueltos.

- “… padre, tomá… lo manda mamá… dice que lo tomés porque hace calor…”.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Final de año: Buscando la forma de una felicidad posible...

Escrito por el  P. Eduardo Casas

Los años pasan vertiginosos y acelerados. Vivimos cotidianamente agitados. El ritmo transcurre veloz e intenso. A menudo, desgastante.

La cadencia cronológica del tiempo siempre es la misma. Los procesos personales y sociales  se han disparado rápida y violentamente como una espiral de vorágine en la cual todo se mueve agitadamente.

            El fin de año nos encuentra entre corridas y apresuramientos. Lo que hemos hecho de la vida es lo que nos queda de ella: retazos y fragmentos, despojos y migajas, una dispersión de fuerzas que no encuentran conexión. Algunos resisten y otros sobreviven. 

            Nos sentimos, muchas veces, desarmados y descuartizados, tironeados y fracturados, exigidos y deshilachados. No sabemos cómo volver a recomponernos y restituirnos para sintonizar con nuestro centro unificador.

            Los contextos sociales no ayudan a lograr esto; al contrario, ultrajan la esperanza y nos llenan de preguntas, temores e incertidumbres. Es poco consuelo saber que son contextos globales y que, en todas partes, más o menos, se siente el mismo efecto. No alcanza con eso.

            Además, cada uno carga su propia mochila de viaje: las circunstancias personales, familiares, laborales, de salud, etc. Hasta la esperanza a veces nos resulta un esfuerzo y pareciera que también se cansa y se sienta a un costado del camino para ver si llegamos a tiempo.

            Intentamos seguir esperando –incluso un poco de esperanza- sin saber que es la esperanza la que nos está esperando a nosotros. Para esperar hay que sentirse pobre porque sólo espera el que carece de algo, el que anhela, el que desea, el que se siente insatisfecho. El que lo tiene todo, no espera nada. Esperar es una forma de reconocerse pobre y libre.

La mayoría de las veces arribamos al final del año sin ningún tiempo interior de pausa, preparación y disposición. No nos ha quedado tiempo para nada. Ni siquiera para lo más importante: vivir humanamente.

 Al final del año, cada uno intenta un balance. En el brindis se cierra el año y se abre otro. Mientras estemos en la rueda continua de los ciclos de la vida y en el curso del tiempo, lo que cierra se abre; lo que termina, vuelve a empezar, como un sueño nunca cumplido, ni totalmente alcanzado; pronto para soñarse nuevamente.

            Cada año es único en el tiempo y en la historia. Pasa y nunca más se repite. Nos deja marcas. No malogres tu Año Nuevo, ni el Año Nuevo de los otros. Ellos esperan lo mejor de vos: tu novedad para que el año sea Nuevo.

            Hay que celebrar intensamente, como si fuera la última vez porque, en verdad, nadie tiene un seguro perpetuo hasta el próximo año. Ninguno de nosotros, ni tampoco nuestros seres más queridos. No hay que estar enojados o distanciados. La vida sólo ocurre en el presente. Sólo acontece en el hoy. Mañana no sabemos.

            En estos festejos es preciso estrenar un alma de año nuevo. Ser más esencialmente uno mismo. Que en el nuevo año todo sea vivido bajo la forma de una felicidad posible.

Para reflexionar:

¿Por dónde pasó tu  conexión con la vida este año? 

Si tuvieras que elegir una imagen de cómo te sentís al finalizar este año: 
¿qué imagen elegirías? 

Si optaras por algunos acontecimientos que hayan sido significativos: 
¿cuál elegirías?

sábado, 30 de noviembre de 2013

1er Domingo de Adviento

ZAQUEO UN ICONO DE ADVIENTO 

Escrito por 
Dolores Aleixandre, rscj

Zaqueo es un personaje del Evangelio de Lucas que en el Ciclo C hace de puente entre el final del año litúrgico y el Adviento. Hay muchas coincidencias de vocabulario entre la escena de Zaqueo y las del nacimiento de Jesús: 

“lo recibió con alegría …”; “les anuncio una gran alegría ”; “ Hoy ha entrado la salvación …” , “Hoy os ha nacido el Salvador …”; “ha ido a hospedarse” (katalúein); “no hubo para ellos sitio en la posada” (kataluma)…

•  Siguiendo la invitación del Adviento, Zaqueo está en vela y a la espera, en contacto con sus propios deseos: “quería ver a Jesús”.

Puede ayudar: Entrar en contacto con mis deseos, preguntarme qué es lo que verdaderamente deseo en este momento de mi vida...
Puedo ponerle a mi deseo alguno de estos calificativos: intenso/ apagado/ vacilante/ ardiente/ débil/disperso/ distraído/ adormecido/ despierto/ inquieto/ anestesiado/ unificado/...

Recordar la convicción de que “todo deseo que no se estructura en tiempos y espacios, termina por desaparecer” (J.A. García)

•  Como en Isaías 2 que evoca la subida a Sión, Zaqueo vive también una subida: su deseo pone en marcha sus pies y busca una altura que le permita superar su pequeñez.

Puede ayudar: Ponerle nombre a mis árboles, a los medios que me ayudan para ver pasar a Jesús…

•  “Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista…”. Todo el Adviento prepara esa llegada del que viene a nosotros situándose desde abajo y queriendo hospedarse en nuestra casa .

Puede ayudar: Dedicar un tiempo a dejarme mirar por ese Jesús que está abajo, que me llama por mi nombre y me invita a bajar deprisa y a recibirle en mi casa. Acoger las palabras de Pablo: “Dense cuenta del momento en que viven: ya es hora de despertarse del sueño…”
Hay una inmensa desproporción entre el deseo de Zaqueo que “quería ver …” y el de Jesús que quería “quedarse ”.

Acoger la noticia insólita de ese deseo del Señor hacia mí…

•  Como si hubiera escuchado el Salmo: Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor…” Zaqueo pone en marcha sus pies y recibe a Jesús “con alegría”.

Puede ayudar: Preguntarnos a qué concedemos poder para quitarnos la alegría: las dificultades de la misión o de la convivencia, los pequeños fracasos, los límites constatados (por los otros, sobre todo...), las pérdidas de iniciativa o de reconocimiento. Releer esas reacciones a la luz de la extraña promesa e Jesús: “ La alegría que yo les doy no se las puede quitar nadie” (Jn 16,22).

•  En Adviento recordamos que lo propio de Dios es “venir” mientras que lo nuestro es “recibirle”.
Dedicar un rato a “recibir” a cada persona de la comunidad tal como es porque “quien no recibe a sus hermanos a las que ve, no puede recibir a Dios a quien no ve…”

•  “Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres…” Ya lo había avisado Jesús en el texto del Evangelio del Domingo I: el Hijo del Hombre viene “como un ladrón…” Cada nueva llegada del Señor a nuestras vidas tiene consecuencias, nada se queda igual y nuestros “bienes” se ordenan y reorganizan de diferente manera.

Puede ayudar: Hacer recuento de los propios bienes y preguntarnos cómo gestionamos cualidades personales, recursos, capacidades, tiempo… 
  ¿A dónde va a parar “la mitad” que entregamos? 
 ¿Para qué, para quienes o para cuándo guardamos la otra mitad que no        entregamos?          
  ¿Qué nos sentimos llamados a cambiar en este Adviento?

•  “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido …”

Puede ayudar: Celebrar y agradecer lo que hay en mí de “ perdida”, pecadora/r, despistada/do y desorientada/do porque esos son mis mejores méritos para ser buscada/do y salvada/do por Jesús y “ revestida de Él”.

"El Dialogo" -Charla del P. Rossi, en Radio Continental-

Para escuchar, hacer clik en el siguiente enlace:

http://www.continental.com.ar/escucha/archivo_de_audio/las-reflexiones-del-padre-rossi-el-dialogo/20131129/oir/2027573.aspx

martes, 26 de noviembre de 2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

Homilía del Papa Francisco, en la Clausura del Año de la Fe


Homilía completa del Santo Padre: (de la crónica radial del evento)

La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronación del año litúrgico, señala también la conclusión del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esa iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el día de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un camino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el Espíritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro corazón.

Dirijo también un saludo cordial y fraternal a los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales católicas, aquí presentes. El saludo de paz que nos intercambiaremos quiere expresar sobre todo el reconocimiento del Obispo de Roma a estas Comunidades, que han confesado el nombre de Cristo con una fidelidad ejemplar, pagando con frecuencia un alto precio.

Del mismo modo, y por su medio, deseo dirigirme a todos los cristianos que viven en Tierra Santa, en Siria y en todo el Oriente, para que todos obtengan el don de la paz y la concordia.

Las lecturas bíblicas que se han proclamado tienen como hilo conductor la centralidad de Cristo. Cristo está al centro. Cristo es el centro. Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia.

1. El apóstol Pablo, en la segunda lectura, tomada de la carta a los Colosenses, nos ofrece una visión muy profunda de la centralidad de Jesús. Nos lo presenta como el Primogénito de toda la creación: en Él, por medio de Él y en vista de Él fueron creadas todas las cosas. Él es el centro de todo, es el principio. Jesucristo, el Señor. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en Él todas las cosas sean reconciliadas (cf. 1,12-20). Señor de la Creación, Señor de la reconciliación.

Esta imagen nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación; y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Es así, nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo. Nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, la pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo.

2. Además de ser centro de la creación y centro de la reconciliación, Cristo es centro del pueblo de Dios. Y precisamente hoy está aquí, al centro de nosotros. Ahora está aquí, en la Palabra, y estará aquí, en el altar, vivo, presente, en medio de nosotros, su pueblo. Nos lo muestra la primera lectura, en la que se habla del día en que las tribus de Israel se acercaron a David y ante el Señor lo ungieron rey sobre todo Israel (cf. 2S 5,1-3). En la búsqueda de la figura ideal del rey, estos hombres buscaban a Dios mismo: un Dios que fuera cercano, que aceptara acompañar al hombre en su camino, que se hiciese hermano suyo.

Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el «hermano» alrededor del cual se constituye el pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En Él nosotros somos uno: un solo pueblo; unidos a él, participamos de un solo camino, un solo destino. Solamente en Él, en Él como centro, tenemos la identidad como pueblo.

3. Y, por último, Cristo es el centro de la historia de la humanidad y también el centro de la historia de todo hombre. A Él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy.

Mientras todos los otros se dirigen a Jesús con desprecio -«Si tú eres el Cristo, el Mesías Rey, sálvate a tí mismo bajando de la cruz»- aquel hombre, que se ha equivocado en la vida hasta el final pero se arrepiente, se agarra a Jesús crucificado implorando: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42). Y Jesús le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43): su Reino. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja jamás de atender una petición como esa. Hoy todos nosotros podemos pensar a nuestra historia, a nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno de nosotros también tiene sus errores, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos oscuros. Nos hará bien, en esta jornada, pensar a nuestra historia y mirar a Jesús y desde el corazón repetirle tanta veces, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: "¡acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino!". Jesús, acuérdate de mí, porque yo tengo ganas de ser bueno, tengo ganas de ser buena, pero no tengo fuerza, no puedo: ¡soy pecador, soy pecador! Pero acuérdate de mí, Jesús: ¡Tú puedes acordarte de mí, porque Tú estás al centro, Tú estás precisamente en tu Reino! ¡Qué bello! Hagámoslo hoy todos, cada uno en su corazón, tantas veces. "¡Acuérdate de mí Señor, Tú que estás al centro, Tú que estás en tu Reino!"

La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la oración que la ha solicitado. El Señor siempre da más de lo que se le pide, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: ¡le pides que se acuerde de tí y te lleva a su Reino! Jesús está precisamente al centro de nuestros deseos de alegría y de salvación. Vayamos todos juntos por este camino.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Reina Jesús “atrayendo”...


Escrito por el P. Diego Fares -sj-

En general, cuando decimos rey, nos vienen imágenes de coronas, de bodas reales, de bastones de mando y de majestad política… Pero también uno usa expresiones como “reina la paz”, en la casa, cuando todos duermen o, luego de una tragedia: “reinaba un silencio profundo”.

La expresión que utiliza el buen ladrón “cuando estés en tu reino” él la refería al futuro, pero de alguna manera intuyó, al retar a su compañero de cruz que se burlaba, que Jesús ya estaba en su reino.

Jesús reina sobre los que están en la cruz.

Jesús reina sobre los que llevan la cruz, sobre los que la cargan y lo siguen.

Jesús reina sobre los que le piden alivio a su cruz y sobre los que cargan las cruces de los demás. Es el rey de los que abrazan la cruz y no la sueltan. Y también reina sobre los cirineos que son obligados a llevarla y sobre los que son clavados allí contra su voluntad…

Reina Jesús “atrayendo”.

Reina saliendo a buscar su propia cruz y cargando con ella.

Reina padeciendo en su cruz compadeciendo a todos.

Reina perdonando incluso a los que lo crucifican.

Reina creando en torno a sí ese ámbito de respeto del que hablaba en el que cada uno es remitido a sí mismo, confrontado consigo mismo frente al otro, que con nobleza sufre lo suyo e interpela a hacer otro tanto.

Ignacio nos hace preguntarnos, ante el Señor puesto en Cruz: “que he hecho yo por Cristo, que hago, que debo hacer por Él”.

Dejarlo reinar, en eso consiste nuestro “hacer”.

Creer en él, confiar: esa es la obra de la fe.

Adorar al Padre cuando estoy ante el Señor puesto en Cruz: eso puedo “hacer”.

Adorar al Padre cada vez que estoy en presencia del sufrimiento de mis hermanos y siento ese respeto junto con un no saber qué hacer.

Adorar al Padre. Esa es la respuesta “negativamente vivida” por todos a través de tanto sentir que nada de lo que uno haga sirve ni es adecuado frente al dolor, especialmente cuando viene montado sobre la injusticia y afecta a los inocentes.

El que nada haya servido es una invitación callada y persistente a probar refiriendo lo que sucede al Padre en vez de pensar qué puedo hacer yo. Eso es adorar. Decirle “me pongo en tus manos” en esta situación en la que no sé qué hacer. Dejar que se ensanche el silencio y el respeto, eso es adorar. Inclinar la cabeza, no expresarme, no preguntar ni controlar: ser creatura, eso es adorar.

Dejar de referirme a mí mismo y referirme a Él, eso es ad-orar.

Allí Jesús reina, en este espacio “está en su reino”. Y el Padre nos abraza como al hijo pródigo que regresa.

martes, 19 de noviembre de 2013

La Ternura Salvará al Mundo...crees esto??

Testimonio de Vinicio Riva,  de 53 años, el hombre que recibió uno de los gestos más tiernos de nuestro Papa Francisco...

“El Papa no me ha tenido miedo y me ha abrazado. Mientras me acariciaba, no sentí más que amor”

“Primero le tomé la mano, mientras con la otra mano, me acarició la cabeza y las heridas. Y después me atrajo hacia él, apretándome fuerte y abrazándome la cara. Tenía la cabeza contra su pecho y sus brazos me envolvían. Me apretó fuerte, fuerte, como si me mimara, y ya no se soltó. Intenté hablar, decirle algo, pero no lo logré: la emoción era demasiado fuerte. Eso duró algo más de un minuto, pero me pareció una eternidad”.

“Las manos del Papa son muy tiernas. Tiernas y bellas. Y su sonrisa clara y abierta. Pero lo que más me ha impresionado es que no lo pensó dos veces antes de abrazarme. Yo no soy contagioso pero él no lo sabía. Lo hizo y ahí está: me acarició toda la cara y mientras lo hacía, yo no sentía más que amor”.

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Vinicio Riva, nació en Isola, un pequeño pueblo de la provincia de Vincenza (Italia), vive con su hermana pequeña Morena y con su tía Caterina, su tutora. Como su hermana (de una forma menos severa), sufre la enfermedad de Recklinghausen desde los 15 años de edad. Se trata de una enfermedad rara conocida como “neurofibromatosis de tipo 1”, que provoca dolorosos tumores en todo el cuerpo. Actualmente no hay ningún tratamiento que pueda curar esta enfermedad.

“Los primeros signos se manifestaron después de mis 15 años. Me dijeron que a los 30 años ya estaría muerto. Pero todavía estoy aquí”,declaraba antes de volver de este emocionante encuentro.

Ni qué decir tiene que las personas con neurofibromatosis son a menudo marginadas por su aspecto.“Vinicio, de alguna manera, ha tenido suerte: su tía lo ama profundamente y le abraza todo el día”, explica la periodista.
En los casos más severos, la neurofibromatosis desfigura hasta tal punto, que incluso los médicos mantienen la distancia. “Una vez, en el hospital, estaba a punto de quitarme la ropa cuando entró un médico africano. Me miró y se quedó inmóvil, casi conmocionado”, explica Vinicio. “Un poco más tarde, me vino a ver y me pidió perdón. Me dijo que en África había tenido que enfrentarse a enfermedades terribles, pero que nunca había visto nada tan devastador. Sus palabras me impresionaron mucho”.

En Isola, Vinicio es aceptado por casi todo el mundo. Tiene su grupo de amigos con los que va a comer una pizza o a ver partidos de fútbol. Y corteja a todas las enfermeras, gastando en flores parte de los 130 euros que gana cada mes trabajando en una residencia de ancianos.



sábado, 16 de noviembre de 2013

Mirar lo Mismo, pero con Ojos Nuevos...


Escrito por Hermann Rodríguez Osorio, S.J.- Bogotá

"Para consultar lo que Dios quiere en nuestra vida personal, comunitaria y social, sólo tenemos que abrir los ojos y mirar... No negar la realidad, no traicionarla ni mentirnos acerca de ella. No ser como el avestruz que piensa que porque deja de mirar la realidad, metiendo la cabeza entre la arena, va a desaparecer el cazador. No se trata, pues, de difíciles jeroglíficos y adivinanzas; es sencilla; pero a veces las cosas son tan sencillas, que no las vemos; son tan simples, y tan cotidianas, que no les prestamos atención; por eso es fundamental tener ojos limpios y mirar sin miedo la realidad. Por algo Jesús, en un momento de inspiración y “lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: ’Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido” (Lucas 10,21).

Esta fue la actitud fundamental de Jesús. Tener los ojos abiertos ante la realidad, ante las cosas sencillas de cada día, en las que descubría los planes de su Padre Dios. Jesús aprendió lo que aprendió sobre el Reino de Dios, mirando su vida y la vida de su pueblo. Sólo tomando el Evangelio de san Mateo, podemos llegar a una lista como la siguiente; Jesús habla allí de pan, sal, luz, lámparas, cajones, polillas, ladrones, aves, graneros, flores, hierba, paja, vigas, troncos, perros, perlas, cerdos, piedras, culebras, pescados, puertas, caminos, ovejas, uvas, espinos, higos, cardos, fuego, casas, rocas, arena, lluvia, ríos, vientos, zorras, madrigueras, aves, nidos, médicos, enfermos, bodas, vestidos, telas, remiendos, vino, cueros, odres, cosechas, trabajadores, oro, plata, cobre, bolsa, ropa, sandalias, bastones, polvo, pies, lobos, serpientes, palomas, azoteas, pajaritos, monedas, cabellos, árboles, frutos, víboras, sembrador, semilla, sol, raíz, granos, oídos, cizaña, trigo, granero, mostaza, huerto, plantas, ramas, levadura, harina, masa, tesoros, comerciantes, redes, mar, playas, canastas, hornos, boca, planta, raíz, ciegos, hoyos, vientre, cielo, niños, piedra de molino, mano, pie, manco, cojos, reyes, funcionarios, esclavos, cárceles, camellos, agujas, viñedos, cercos, torres, lagar, terreno, labradores, fiestas, invitados, criados, menta, anís, comino, mosquito, vasos, platos copas, sepulcros, gallinas, pollitos, higueras, vírgenes, aceite, dinero, banco, pastor, cabras...Y, así, podríamos seguir.

En estos elementos tan sencillos, descubrió Jesús lo que Dios le pedía y lo que Dios quería hacer con él y con toda la humanidad. No se trata de ver cosas distintas, nuevas, sino de mirar lo mismo, pero con unos ojos nuevos: “Pero Dios dijo a Samuel: "La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón» (1 Sam. 16, 7). Esta manera de mirar es lo que caracteriza a los profetas; una mirada que no es propiamente la del turista. Esta es la respuesta para la pregunta que le hacen al Señor en el evangelio de hoy:¿Cuál será la señal de que estas cosas ya están a punto de suceder? Ahí están. Sólo tenemos que abrir los ojos y mirar...